Páginas

miércoles, 3 de noviembre de 2010

LEVÁNTESE QUIEN PUEDA 8.


Dicen que la paciencia es la mayor virtud del cazador y, aunque Carlos no tenía la menor intención de cazar a nadie, ¡bastante tenía con evitar ser cazado!, pensó que esta máxima cruel también podía corresponderse con la realidad del zorrillo. Es decir, que la paciencia también era la mayor virtud de la presa, además de la velocidad, una gran dosis de suerte y un escondite con más salidas que una despedida de solteras. Durante las noches siguientes Carlos y Luz idearon su plan y, a la espera de ese momento en que pudieran ejecutarlo sin levantar sospechas, tuvieron tiempo de analizar el mundillo de la Salud Mental y sus perversidades lingüísticas.

-A mí lo que más me llama la atención es como hemos llegado a sustituir la historia de los pacientes, con todos los entresijos que comporta adentrarse en la memoria, por algo tan simplista como un historial clínico y sus categorías. Conozco a muchos compañeros que no ven más allá de un diagnóstico, es como si en algún momento, en cuanto se ponen la bata blanca, por ejemplo, se les olvide que quien tienen delante es una persona, con unas vivencias, una experiencia y una subjetividad.

-Tienes razón Luz, es un fenómeno que ha aniquilado el yo social del individuo desde la prepotencia de los saberes académicos. Se supone que aquel que acude a visitarnos es porque tiene algún problema mental, cuando normalmente la raíz de la mayoría de problemas reside en algo tan simple como la falta de un interlocutor que nos sepa ver tal y como estamos en cada momento. Ese interlocutor ideal, que tranquilamente podría ser un familiar, un amigo o un compañero de trabajo, resulta que es una especie en peligro de extinción, porque ya casi nadie pretende conocer al otro, sino es desde la figura del amo.

-Sí, nos vendieron el individualismo como la mayor de las libertades y no sé si consciente o inconscientemente mataron dos pájaros de un tiro. Por un lado nos convirtieron en esclavos del mercado y por otro anularon la fuerza del ser, el irreductible poder del grupo.

-Es entonces cuando aparecemos nosotros, los dueños del saber, los conocedores del alma humana y sus más oscuros entresijos. Poseedores de poderes tan increíbles como saber que toda palabra esconde un reverso tenebroso, una señal claramente indicadora de la represión constante a la que hemos sido sometidos desde niños. Así que ofrecemos nuestras entrenadas orejas a un precio módico. Ya se sabe, la libertad de decir, en una sociedad tan represiva como la nuestra, tiene un precio.

-Bueno eso nosotros, que al menos escuchamos al paciente, desde un intento de horizontalidad, pero al menos le escuchamos. Luego están aquellos que se han creído las falacias de la psi y actúan como jueces implacables, como ejecutores de ese sistema y anulan toda reacción que pueda suponer una amenaza al orden establecido. Si al menos la psicología no se hubiera devaluado, si desde las facultades no se preparara a los psicólogos a permanecer invariablemente en segundo plano, como esbirros que se esconden bajo el manto de la evidencia científica. Se están haciendo auténticas barbaridades... A veces... a veces tengo la sensación de que esto de la psiquiatría biomédica es como matar moscas a cañonazos.

-Sí yo también lo he pensado Carlos. Es muy frustrante, al menos para mí, ver como una persona cuya vida pasa por una crisis, en la que se ha quedado sin trabajo, en la que se le han muerto sus padres, en la que... yo que sé... ha habido un tsunami existencial de proporciones gigantescas, se ve empujada a nuestra presencia porque nadie la comprende, porque está sola, terriblemente sola. Y nosotros con los tratamientos lo que hacemos es construir un muro más grueso a su al rededor. Anulamos en muchos casos su capacidad de sentir, de comprender, de comunicar, cuando la escucha debería estar por encima de todo... ¿Se puede comprender realmente al paciente sin conocerlo?,¿se le puede ayudar a estar en paz  consigo mismo sin comprenderlo?, yo creo que no. Estoy segura que no, vamos, pero cualquiera dice algo así en un centro de salud mental, donde la mayoría son profesionales sólo porque obtuvieron un título. Es realmente frustrante de verdad.

-Sí tienes ocho horas para ver a 30 o 40 pacientes, es muy difícil ayudar realmente a alguien, llegar a conocerlo. Ya no hablemos de curación.

-Yo voy más allá, Carlos. Ser profesional es dedicarte a una profesión con ánimo de lucro, pero para ser profesional debes hacer bien tu trabajo. ¿Qué derecho tenemos de considerarnos como tales? Un título no te da licencia para juzgar la vida de las personas y es eso en los que nos hemos convertido. Somos jueces, que basados en un código totalmente simplista y parcial, encerramos, medicamos y hasta torturamos con el beneplácito de instituciones sedientas de sumisión. Expertos sobre todo en arrogancia, festejamos el menor de los éxitos, cuando la mayoría de los resultados que obtenemos son la clara muestra de que algo no funciona, de que este sistema es altamente tóxico y falsario.

-Sí, es más fácil juzgar al individuo como objeto, que a nosotros mismos y mucho menos a un sistema que nos ha encumbrado a una posición inimaginable hace décadas. Somos los nuevos prometeos, portadores de la felicidad, cuando, si la memoria no me falla, cuando yo era niño, con mucha menos tecnología, la gente disfrutaba con humildad de sucesos tan simples como compartir una botella de vino y un poco de queso macerado en aceite, con una hogaza de pan, ya fuera en el campo o en el bar de la plaza del pueblo. Se necesitaba incluso menos si la conversación daba de sí. ¿Cuántas cosas necesitamos hoy en día para ser felices? Como mínimo, las mismas que nuestro vecino. Felicidad instantánea y a precio razonable y sino te gusta, sino te adaptas, si vas a contra corriente y valoras otras cosas... Estas condenado al aislamiento compartimentado de tu bloque de pisos, porque si no ves la tele, si no estas en la onda... ¿De qué carajo vas a hablar con tus vecinos en el ascensor?

-¡Muy gracioso! Pero a mí me asusta que haya desaparecido la plaza pública, un poco el sitio donde compartir ese trozo de queso y ese vaso de vino, del que hablabas. Para mí es el lugar ideal para una buena conspiración.

-Luz en serio, creo que si te dan una metralleta te cargas a todos los popes de las farmaceúticas, de buen rollo te lo digo eh.

-¿De las farmacéuticas sólo? ¡Que va! Faltarían también los dirigentes del Banco Mundial, los del G-20, los del G-50 y todos los militares del planeta. Ahora en serio, ¿sabes que les haría a todos esos popes?

-¿Darles a probar su propia medicina?

-Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, tres minipuntos para el novato.

-Te voy conociendo ya y eso que hace poco que hablamos.

-¿Te los imaginas temblando como hojas un día de viento y babeando como sapos? Sólo de pensarlo me pongo cachonda.

-¿No te habrás puesto tú también a babear?

-Te dejaré con la intriga. Hasta mañana guapo.

-No me dejes asiiiiiií...

-Si supieras a cuantos hombres me hubiera gustado decirles eso. Hablamos mañana, ¿ok?

-¡Que remedio!

-Besos.

Carlos también apagó su P.C.. Aquella chica, o mujer, u hombre, o lo que fuera era increíble. Pensó que jamás había conocido a nadie así. De todo lo que había dicho sólo estaba en desacuerdo en una cosa, quizás, pensó, desde cada departamento, desde cada habitación con conexión a Internet, había como en las antiguas plazas públicas, personas, como ellos dos, conspirando, que era lo mismo que decir soñando, para que algo en este mundo cambie de una vez. Hasta la mayor de las realidades, necesitaron en su momento ser la menor de las utopías.

6 comentarios:

Jesús Castro Rodríguez dijo...

Lógicamente, no nos podeis ver así que describo: en mi casa estamos dos psicólogos (mi mujer y yo), uno leyendo y el otro escuchando esta entrada. Al acabar nos hemos levantado y nos hemos puesto a aplaudir como si hubieramos escuchado ópera. No ha quedado que factor incluir en el texto, para explicar donde estamos en esto de la salud mental. Solo añadiria el que en psicología llevamos años tratando de levantar esos mismos muros que mencionais, pero con tecnicas psicológicas.
Nos parece que es dañino no respetar al otro, aunque el mismo no se respete cuando lo que pide es cambiar para ser como los demás.
Y eso se hace todos los días, se intenta cambiar a la gente en el supuesto de que si lo piden es que hay que hacerlo y algo malo hay en como son. Me parece que en muchísimos casos, el aceptarse en realidad es la base para empezar a no sufrir y poder establecer buenas relaciones con los demás.
Saludos agradecidos.

Almudena y Raúl dijo...

La verdad Jesús, con 50 mg de Risperdal en el culo, poca cosa más he podido hacer. Te agradezco la sugerencia y estudiaré la manera de insertar lo que me dices. Estoy un pelín confuso o colocado (como prefieras). Gracias de todas formas. Esa última frase la de la realidad que necesariamente ha sido utopia, os la dedico a todos los de esta maravillosa blogosfera.

Un abrazo!!

etiquetada dijo...

Hola, yo también aplaudo!!!! Y añado que a falta de interlocución válida hay que inventarla, primero con nosotros mismos, perdiéndonos el miedo que a veces nos meten en el cuerpo los propios profesionales que supuestamente están para aliviarlo. El miedo a la recaída, al deterioro, a la responsabilidad de no hacer lo que nos dicen. Gran parte de los llamados "problemas mentales" tienen su origen en miedos de todo tipo, reales o imaginarios, y la sociedad muchas veces se soporta a sí misma en base a tales miedos, que sirven de coartada para medidas represivas, discriminaciones, prohibiciones, actuaciones invasivas...y un largo etcétera. Pero los miedos, si algo tienen de bueno, es el reto de enfrentarlos, y perdernos el miedo a nosotros mismos, incluídos los puntos y las comas del diagnóstico que nos haya tocado en suerte es algo que nos debemos. Cuanto mejor sea la relación con nosotros mismos más cerca estaremos de construir relaciones sólidas con los demás. Muchas veces el miedo nos pone ante los demás en esa situación de "menos", en esa esclavitud más o menos sutil que puede perpetuarse a poco que nos descuidemos.
Pues aquí os dejo este rollo para reflexionar, un abrazo muy fuerte!!

Almudena y Raúl dijo...

Etiquetada yo si que te aplaudo a ti, preciosa!!! Al leer eso de que a falta de interlocutor lo mejor es inventarlo, he recordado la teoría literaría o vital de mi escritora favorita, Carmen Martín Gaite. Descanse en paz. Creo que tienes, tenéis toda la razón. Sólo apuntar a modo de anécdota que anoche, las últimas palabras que le dije a Almu antes de dormirme fueron: "Es el miedo cariño, el miedo a la libertad, por desgracia un libro demasiado vigente." Lo siguiente que recuerdo es recibir un codazo y escuchar entre sueños la voz de Almu diciéndome que cambiara de postura, que estaba roncando como un hipopotamo.

Miguel dijo...

"nos vendieron el individualismo como la mayor de las libertades"
hala, que habéis dado material para pensar sólo con esta frase...

Almudena y Raúl dijo...

Es un placer poder hacer pensar a mentes tan brillantes. Bona nit a tothom!!