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martes, 23 de noviembre de 2010

LA REBELIÓN AZUL.

Ellos esperaban. Comentaban entre ellos la de porrazos que repartirían si alguien se descolgaba. Ellos, embutidos en sus trajes azul marino, cubiertas sus caras con el casco blanco, parecían todos iguales. Un grupo de pitufos de dos metros con muy mala leche y ganas de bronca. Mascaban esa goma excitante, y cada vez estaban más nerviosos. Venía un furgón, luego otro, ya superaban la treintena. A diez pitufos por furgón calculad... era una autentica manifestación de antidisturbios.
Enfrente de ellos no corrían ni las balizas de los desiertos, existía un silencio y una quietud casi mística, como de calma antes de la tormenta; hasta unos rayitos de sol bien definidos se escapaban de entre las nubes como anunciación divina de lo que iba a suceder.
Los antidisturbios entonces empezaron a sacar de los furgones unas pancartas. Algunas decían: POR UNA VIVIENDA DIGNA, ABAJO EL CANON DIGITAL, en otras mas atrevidas se podía leer: AL PAN, PAN Y A LOS POLITICOS PATAPUM o GLOBALIZACION= EXTORSION y la que a mi me pareció más extraña LA CABRA, LA CABRA, ESTAMOS COMO CABRAS LA MADRE QUE NOS PARIÓ, VAMOS A DAR PORRAZOS HASTA QUE SALGA EL SOL .
Entonces comenzaron a caminar todos en grupo, porras y pancartas en mano. Si veían a algún despistado le decían educadamente que se dejase hacer una fotografía con una de las pancartas. Le hacían la foto y luego lo molían a palos. Es lo que tiene la costumbre.
Avanzaban clamando slogans guerrilleros e incluso se podría decir que antisistema. Así hasta que se dividieron en dos grupos y mientras uno entraba en la delegación del gobierno, el otro lo hacía en comisaría. Se produjo una batalla campal entre funcionarios. Pero al final sustituyeron las banderas españolas por unas parecidas a las utilizadas por los okupas, con la única diferencia que, en vez de un rayo, a la “O” la atravesaba en diagonal un fusil de pelotas de goma.
Los medios de comunicación rápidamente se hicieron eco de la noticia. Se armó tal revuelo en los medios, que algunos hablaron incluso de llamar a la aviación y que bombardearan la ciudad. Aquella lacra para la sociedad moderna era, según un televisivo psiquiatra, sin duda consecuencia de un brote psicótico masivo en el colectivo de antidisturbios. Que fumiguen con haloperidol a esos desgraciados, proponía otro tertuliano en el mismo programa matinal.
La primera figura pública en aparecer fue el jefe de la oposición. Le hicieron pasar, él se dio la vuelta para que le hicieran una foto con los dedos índice y corazón extendidos en forma de “V” y lo siguiente que vio fue la celda para presos peligrosos donde le encerraron.
La segunda en venir fue la vicepresidenta del gobierno, pero la metieron también en el calabozo, igual que al ministro de interior. QUEREMOS AL PRESIDENTE gritaban ellos desde las ventanas.
Al final en helicóptero, y sin hacer escalas, vino directamente del Palacio de la Moncloa el mismísimo presidente del gobierno. Entró con paso firme y le llevaron junto al cabecilla de la rebelión que era un tipo graso con barba y pinta de que de un porrazo te podía romper los 206 huesos del cuerpo y luego meterlos en una trituradora y tomárselos de desayuno. Con talante y con rigor, aunque estuviera cagado de miedo, el presidente le preguntó sus demandas.
-Mire sr. Presidente, a las manifestaciones no viene nadie, no tenemos a quien pegar, nos aburrimos. Así que o busca un nuevo enemigo o nos pasamos al otro bando.
El presidente permaneció unos instantes pensativo. Al final preguntó al cabecilla: No tengo una solución real a tus demandas, llevamos muchos años cargándonos el espíritu colectivo. ¿No os bastaría con un aumento de sueldo?
Minutos después la rebelión azul, tal y como fue denominada por la prensa, terminó con el compromiso “real” por parte del gobierno e incluso de la oposición en promover el odio y la crispación entre los españoles, además de subirle un 5% el sueldo a todo el cuerpo de antidisturbios. La rebelión había sido sofocada.

1 comentario:

Jesús Castro Rodríguez dijo...

jajajajajjaj, buenísimo. ¿Que es un antidisturbios sin manifestantes que aporrear, sin disturbios que sofocar?.
Y no creas, no. Hace poco hablaba de esto. De que al menos en Canarias, le puedes echar lo que sea al pueblo, que todos estan como buenos chicos en sus casas, aguantando lo que sea. Hace falta mas irreverencia y mas "locura", si no, somo como ovejas.
Un abrazo.