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sábado, 16 de marzo de 2013

El Escritofrénico. Un tratado sobre la curación de la psicosis

 Vía Siquia.com

 
“Va de la vida, de las dificultades, de la locura, pero… ¿y qué es la locura?” Con este planteamiento el Dr. Ángel Martínez resumió ayer la sinopsis de El Escritofrénico, la nueva obra de Raúl Velasco, una publicación de Miret Editorial. El libro, tercera obra del autor, se presentó ayer noche en la librería Alibri, en Barcelona, y contó con la participación de los doctores Joan Closa y Ángel Martínez.
El Escritofrénico narra la historia de Marcos, un protagonista esquizofrénico que se encontrará con un psicoanalista retirado y su esposa, con quienes emprende un viaje hacia los entresijos de la mente. La vida, la muerte, la locura, la existencia. ¿Qué es y que no es? El libro es un ensayo novelado sobre la psicosis partiendo de la perspectiva de su protagonista pero que en muchas ocasiones se entremezcla con las propias experiencias del autor.
“Una historia sobre Marcos que nos habla de la vida de Raúl”, apuntó el doctor Martínez, “algo que podemos percibir, sobre todo, quienes más le conocemos”. Y no le faltó razón. La vida de Raúl Velasco, autor de la novela, cambió radicalmente cuando le diagnosticaron esquizofrenia. El autor, quien desde joven se había sentido atraído por la literatura y el arte de escribir, explica que el diagnóstico de su enfermedad y el tratamiento derrumbaron su vida. “Todo se acabó cuando me empezaron a tratar. Dejé de escribir debido a los fármacos que tomaba”. Para Raúl, la escritura era su propia terapia ya que escribir era el remedio ante un mal día, por ello la esquizofrenia le hizo temer que su voluntad como escritor llegaba a su fin ya que “cuando vives grandes cambios de cerca, crees que debes abandonar tus sueños”.
Pero no lo hizo y, por suerte, hoy tenemos esta nueva obra que para él “es mi tercer libro, pero lo he vivido como mi primera obra, ya que es diferente”. En esta obra Velasco condensa todo lo que la locura, como él dice, le ha enseñado. Y acerca la locura el libro nos abre un debate profundo. ¿Hay separación radical entre la locura y la cordura? ¿O bien hay una continuidad entre ambos estados, que vamos combinando dependiendo del momento en que estamos? El Escritofrénico versa sobre las consideraciones actuales, sobre las convenciones sociales. Sobre cómo tendimos a excluir aquello que se sale de la norma. Sobre algunas disciplinas terapéuticas y su confrontación crítica. Sobre la validez o no de los psicofármacos.
En suma, El Escritofrénico, etimológicamente, se define como “un escrito sobre la mente”. Y no hay duda de ello. Lectura ágil, fresca pero llena de consciencia. Un libro de pasión, apuntaron algunas voces. Un libro que manifiesta que la locura sana debe vivir en su estado puro. Y, a fin de cuentas, como dice el dicho, “de sabios y de locos, todos tenemos un poco”.

La salud mental en el mundo 2.0

El libro es un ejemplo paradigmático del apoderamiento y el antiestigma que vive actualmente nuestra sociedad, apunta el doctor Closa. Vivimos en un contexto donde la conciencia del colectivo social así como la individualidad existencial están sobre la mesa, un momento de plena reflexión sobre nuestro entorno, sobre nuestra esencia y con plena preocupación por aquello que nos afecta y la suficiente consciencia como para buscar la respuesta o cura. Al mismo tiempo, no obstante, Closa también matiza la existencia del antiestigma, entendido como la caracterización y exclusión colectiva y socialmente adaptada de lo inusual, de aquello que sobresale de la normalidad.
Ante esta realidad las nuevas tecnologías y las redes sociales ejercen un papel incuestionable. Tanto aíslan al indivíduo como ayudan al colectivo social al apoderamiento de su consciencia de ser. A través de las redes sociales, apunta Closa, la gente empieza a tomar consciencia sobre lo que le pasa, lo que le ocurre, los síntomas que no se atreve a compartir. Internet se convierte en una herramienta de ayuda que permite mantener la privacidad y respetar el pudor del individuo. De este modo, las nuevas tecnologías han abierto una brecha optimista a la salud mental en general, ya que cada vez más individuos aceptan dar el paso de atacar el malestar que les corroe internamente.

sábado, 9 de marzo de 2013

De-construyendo la necesidad de vivienda en Salud Mental.

De-construyendo la necesidad de vivienda.


Este año se cumple el trigésimo-quinto aniversario de la constitución española, en cuyo artículo 47 reza:

Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.

Estaréis de acuerdo en que estas palabras, leídas con la perspectiva que nos da la crisis actual, donde la pobreza, la desnutrición, el desamparo, la soledad y la desesperación que se desprende de los desahucios, el paro, el no llegar ni a mitad de mes, la falta de perspectivas, etcétera, la hacen parecer un chiste o una broma de mal gusto. Siendo España uno de los paises de la Unión Europea con más viviendas construidas, más viviendas vacías y menos viviendas asequibles, dado el modelo de urbanización económicamente especulativo, ambientalmente insostenible y socialmente excluyente que ha colocado en situación de vulnerabilidad a amplias capas de la sociedad.

Hablar de la necesidad de vivienda, por tanto, es hoy un imperativo que sitúa a la población en general en el foco de un huracán ideológico en perpetuo tránsito por los cielos de la incertidumbre, en tanto que separa a aquellos que creen que los derechos humanos son inalienables, de aquellos que vorazmente, aupados a lomos de la bestia neoliberal, sólo se acuerdan de ellos cuando les puede beneficiar directamente en su escalada social. La principal diferencia entre unos y otros es la forma en que se tiene en cuenta a ese otro anónimo, del que no se habla en los medios de comunicación, ni se le tiene en cuenta más allá de su círculo más próximo; ese otro que sufre lo indecible, que es rechazado por su condición y sus circunstancias, que es maltratado en no pocas ocasiones, y en otras tantas olvidado o ninguneado, que choca contra políticas insolidarias que defienden la posición del más fuerte, impunemente, ya sea por alevosía, ignorancia o instinto homicida. Hacia ellos, los nadie: los hijos de nadie, los dueños de nada, de los que hablaba Galeano, van dirigidos mis pensamientos.

Porque ellos, los invisibles están por todas partes y aunque muchos no lo crean son más parecidos a nosotros de los que nos pensamos. A veces, demasiadas veces, son nuestros vecinos, aquellos a los que esquivamos a la hora de subir en el ascensor o que rehuimos mirar en la calle, como si estuviesen gravemente enfermos y sólo con cruzar nuestra mirada con la suya nos pudieran contagiar.

Me gustaría partir de la premisa de que en este mundo nuestro el peor paciente o al menos el más grave es nuestra sociedad. Una sociedad que adolece de prepotencia, de falta de empatía, de soberbios prejuicios, de un individualismo exacerbado que nos prometieron como la mayor de las libertades y que ha acabado encerrándonos en nuestros pisos con doble aislamiento, inoculado de forma parasitaria el germen de la indiferencia, enganchados a la desinformación que nos transmiten desde la mayoría de medios de masas y destruyendo -de esta manera tan sutil- muchos de los vínculos sociales que nos ayudaban a las comunidades a sostenernos en situaciones de angustia, soledad y sufrimiento. Por este motivo estamos aquí reunidos, porque entre todos queremos generar un espacio donde se pretende modificar de forma alterativa la mirada del observador, recuperando por medio de la palabra la dignidad de aquellos que hace tiempo traspasaron la frontera del olvido.

¿Que ocurre cuando a los problemas de cualquier ciudadano de a pie, además se le suman problemáticas de salud mental? ¿Cuándo la persona se ve doblemente invisibilizada, deshistorizada por un sistema de salud orientado únicamente a la paliación de síntomas, cuando su palabra es constantemente negada al considerarse menos válida que la de un niño, cuando existe y persiste una constante castración física, psíquica y simbólica, cuando se destierran los cuerpos y las mentes de las relaciones más básicas y se expolían los derechos refrendados en la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad? No hace falta ser muy avispado para intuir que los obstáculos son en demasiadas ocasiones ingentes.

En muchos casos a partir del momento de la primera crisis, la persona afectada es vista a través de su diagnóstico, a través de su discapacidad, de sus limitaciones y esto dificulta su reinserción en la sociedad. Irresponsabilizados diagnóstica y legislativamente, no se nos tiene en cuenta puesto que se presupone que no sabemos lo que es mejor para nosotros mismos.

Se considera que la salud mental es la capacidad de lidiar con todas las emociones que vivimos en el transcurso del día a día, es lidiar con sus vaivenes de carrusel, sus relaciones muchas veces contaminadas, con la presión del estrés, con el hastío, la sorpresa, la tristeza, la alegría, la angustia, la extrañeza, la confianza y la desconfianza, con las dudas y las certezas. Lidiar con ellas para que fluyan, para que pasen, para que no se claven ni nos obliguen a emparapetarnos tras la murallas del silencio.

Desgraciadamente esto no es fácil. Para nadie lo es, con o sin diagnóstico son rutinas que generan un grado relativo de angustia, sobre todo cuando la vida pega duro. Todas hemos sentido ese desamparo, esa soledad tan desolada (que diría Mario Benedetti) esa caída infinítupla hacía lo más oscuro de nuestra habitación. Todos hemos enloquecido en algún momento de terror, de desgana, de injusticia, de desamor, de luto, arrasados por la pena, desalmados como los arrabales de una ciudad destruida por el absurdo de una guerra, que en este caso se combate en nuestro interior.

Si a esto le sumamos el estigma que conllevan las etiquetas psiquiátricas es fácil entender que en muchos casos las relaciones, en el mismo núcleo familiar de la persona diagnosticada, se atoren, se violenten, se encrudezcan. Que sea necesaria para todas las partes una distancia que el espacio físico no siempre permite. Por un lado un entorno (demasiado ocupado en mantener el frágil sustento que aguanta sus rutinas) alarmado -porque lo incomprensible está codificado para ser alarmante, peligroso y objeto de temor- ante la imposibilidad de entender de donde vienen estas conductas extrañas, que han erupcionado partiéndolo todo: estructuras, lenguajes, significados, sentimientos, relaciones; por el otro, una persona que sufre en sus carnes la más absoluta incomprensión, agazapada en su rincón, temerosa de un mundo que le agrede, doble víctima de su biografía y de un sistema sanitario desacreditador, con la personalidad desestructurada, despersonalizados diagnósticamente, con las emociones aplanadas por la química farmacológica, flotando a la deriva en una sociedad hostil, depredadora, voraz, donde la sutil violencia a la que todos los seres humanos somos sometidos cada día va desmembrando las posibilidades reales de cambio...

Es duro tener que vivir bajo el techo parental durante toda una vida, por muy amorosos que sean unos padres, porque uno renuncia a su autonomía, a sus sueños de infancia, a su afán de independencia. Instintos que son comunes a todas las personas y casi me atrevería a decir a todos los animales de este planeta pues cuando uno llega a cierta edad, lo que toca es salir del nido.

Según Antonio Centeno, activista del foro de vida independiente: La vida independiente es un derecho humano recogido en el artículo 19 de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad; el ejercicio del efectivo consiste en vivir de manera que el entramado de relaciones personales y vínculos sociales de la persona con discapacidad esté libre de relaciones de dominación, o al menos tan libre como el estándar del entorno sociocultural donde se desarrolla. Esta liberación de las relaciones de dominación no pasa porque la persona "haga cosas por sí misma" si no para que pueda asumir tanta responsabilidad y control como desee sobre los apoyos que le permiten llevar a cabo las actividades cotidianas. Vida independiente no significa vivir solo, aislado, sino vivir en comunidad con plena libertad para tomar decisiones sobre la propia vida cotidiana.

En este sistema nuestro lo difícil no es sólo salir del nido, sino encontrar el espacio donde construir tu nueva vida, a no ser que puedas pagar una hipoteca a 20 años. Sin acceso al mercado laboral, sin apenas ingresos, las personas diagnosticadas parece que estemos abocadas a depender de las instituciones, ya sea la familia, el Estado o las fundaciones privadas.

Desde la reforma psiquiátrica iniciada por Basaglia en los años 70 y el cierre de las antiguas instituciones totales los locos nos enfrentamos a un nuevo reto: nuestro reconocimiento como ciudadanos y nuestra integración en la comunidad. Más allá de la torpeza con la que se fueran realizando las distintas reformas psiquiátricas en Europa o la mayor sofisticación de los tratamientos neurolépticos, a los locos se nos inserta dentro de un sistema pseudocomunitario formado por plantas de agudos en hospitales generales, centros de día, residencias, pisos tutelados, etc. Estos dispositivos no solucionan el problema del tránsito constante, ni nuestra necesidad de evasión, sino que en muchos casos lo acrecenta. Las camisas de fuerza físicas han sido sustituidas por camisas de fuerza químicas, que levantan muros mentales, invisibles, que dificultan la comunicación entre otros motivos a causa del aplanamiento emocional que generan. Los locos nos encontramos nuevamente vagando por las calles o encerrados en nuestra habitación, en fuga constante de un mundo que nos agrede y que nos empuja a la evasión. Los síntomas positivos como las alucinaciones o los delirios pueden haber disminuido, pero la agresión de una comunidad que nos rechaza, que desconfía de nosotros y de nuestro deambular, que nos considera peligrosos o vagos, que nos mira a través de nuestra discapacidad, que nos infantiliza en el mejor de los casos y nos ningunea en el peor, hace del proyecto de integración comunitaria un fracaso casi absoluto.

Habría que modificar las lógicas heredadas de tiempos pretéritos y que todavía hoy rigen la mayoría de instituciones y condicionan la mirada social con la que se mira a las personas diagnosticadas, como, por ejemplo, la entronización en un doble rol en tanto pacientes y enfermos crónicos de la que es difícil salir y por tanto mirarse y ser mirado más allá de la identidad enferma. Reclamar el sentido propio de nuestra responsabilidad individual como ciudadanos y dueños de nuestras emociones, desincrustándonos de esa mirada paternalista que nos fosiliza. Tomar conciencia, en definitiva, de nuestra plena singularidad como seres humanos, de nuestras capacidades y nuestras limitaciones, así como las de nuestro entorno, para poder reclamar el respeto deseado y el cumplimiento de nuestros derechos. Sólo desde la promoción de la autogestión de nuestra vida, también de las angustias, es posible hablar de autocuidado, de autonomía, de empoderamiento y de cambio real de paradigma.

viernes, 8 de marzo de 2013

El escritofrénico


El escritofrénico, una obra de obligada lectura para comprender el sufrimiento psíquico.





Miret Editorial arriesga de nuevo con su última novedad, El escritofrénico, para seguir haciendo justicia a la realidad de los trastornos mentales. La obra nos acerca a las caras más oscuras de la esquizofrenia para hacer reflexionar al lector (también al lector especializado) sobre los dogmas imperantes en la práctica psiquiátrica.

La obra nace de la experiencia personal del autor en procesos de diagnóstico y tratamiento de trastornos mentales tales como la esquizofrenia que trata en el libro, cosa que nos permite recorrer los rincones del libro acompañados de la mano experta y sensible de su autor.
El escritofrénico cautivará a los apasionados de la novela con una prosa ágil y un lenguaje preciso, así como a los amantes del ensayo por sus digresiones reflexivas entorno a la psiquiatría y a la concepción social de la locura. La publicación de la obra se inscribe dentro de los actos del X aniversario de Radio Nikosia. La primera radio en España compuesta mayoritariamente por personas que tienen algún trastorno mental, cumple 10 años de emisión cruzando a un lado y otro de la frontera que separa la locura de la cordura. Desde su formación en Febrero del 2003 los nikosianos se han establecido como uno de los grupos más activos y un referente para el resto de instituciones en la lucha contra el estigma de las personas con trastorno mental, que aún a día de hoy, sigue siendo uno de los principales generadores de sufrimiento para las personas diagnósticadas.


Raúl Velasco Sánchez, autor del libro, es periodista y escritor. Trabaja como productor de Radio Nikosia y codirector del espacio en Ràdio Rubí “El fil de la troca”. Durante los últimos años además ha realizado labores de guionista, productor y locutor en diferentes magazines radiofónicos. Es miembro de la junta directiva de la Asociación socio-cultural Radio Nikosia y del comité científico de la Fundación El Drago (Lanzarote). Autor de “Levántese quien pueda y otros relatos”y “Anatomía de un espejo roto”. Esta es su primera incursión en el genero de ensayo novelado.


Dijous 14 de març, a les 19h, a la llibreria Alibri.
Balmes, 26. 08007 Barcelona. 933 170 578

Miercoles 20 de marzo a les 19:30, en la librería Cartabón.
Calle de Urzáiz, 125  36205 Vigo, Pontevedra. 986 37 28 83 
 
Jueves 21 de marzo a las 19:30, en la librería Nos
Praza do Libro, 1-15005. A Coruña. 981 263 854

Viernes 22 de marzo a las 19:30, en la librería Follas Novas 
C/ Montero Ríos , 37 15706 Santiago de Compostela. 981 59 44 06

Jueves 18 de abril a las 18:00, en Biblioteca de Sant boi del Llobregat
 
Más información: Mariona Masferrer, Coordinadora editorial
Correo-e: info@mireteditorial.com. Móvil: 669.69.54.74

Miret Editorial. Ronda General Mitre, 67. www.mireteditorial.es. Tel. 934 . 549 . 058

miércoles, 20 de febrero de 2013

Carta abierta al Servei Català de la Salut

RESIDENTE DE “CAN ZARIQUEY” A LA FUGA
Extracto del escrito dirigido al Servei Catala de Salut a propósito de un ingreso y fuga en CAN ZARIQUIEY
El motivo de este escrito es poner en conocimiento de la autoridad competente hechos que pueden requerir medidas correctoras. Tengo el convencimiento de que los comportamientos a los que me referiré en este escrito no son propios del Servei Català de la Salut ni de quienes lo representa. Hablo del trato recibido por parte del personal de la Comunidad Terapéutica “Can Zariquey” en Arenys de Munt, con ocasión del ingreso de mi hijo en dicho centro en febrero de 2013. El ingreso acabó con una fuga del centro al cabo de cuatro días, circunstancia que he puesto en conocimiento de los “mossos d’esquadra” a través de una denuncia.
A continuación describiré la cronología del ingreso de mi hijo y los hechos motivo de mi reclamación:
·         Primer día de ingreso: Después de hablar por teléfono con la psiquiatra que recibe a mi hijo, entiendo que seguirá la pauta de medicación instaurada en la unidad de Agudos desde la que le han derivado.
·         Segundo día de ingreso: Hago uso del horario de visita (de 4:30 a 8:00) para llevar ropa, neceser, tabaco, etc. Al inicio de la visita la señora a la que entrego la bolsa con las pertenencias, comenta que no podemos salir del recinto, pues es el protocolo para cualquier nuevo ingreso: los primeros 8 días no pueden salir.
De entrada me sorprende pues en el Hospital del que procede ya tenía permiso de sábados, domingos y tardes en los días laborables, y entendía que, viniendo de una unidad de agudos a otra de subagudos, los permisos serían más laxos, no al contrario.
Acepto, a pesar de todo, esa “norma” y pido salir al jardín de delante del edificio para permitir fumar a mi hijo durante la visita, pues la alternativa es que él vaya entrando y saliendo de las dependencias de los residentes cada vez que necesite fumar, mientras yo me quedo en el vestíbulo de entrada, obligando a algún cuidador a abrir la puerta cada vez que quiere acceder al vestíbulo. Cabe decir que esa petición la acompaño de una asunción de responsabilidad por mi parte de lo que pase fuera del recinto.
Antes de salir al jardín mi hijo saca un café en la máquina del vestíbulo y al ir a tomárselo la señora que me ha atendido hasta el momento le conmina a entregármelo porque dice que esa máquina es para uso exclusivo de las visitas y no de los internos.
Al salir al jardín, mi hijo me comenta que le están dando más medicación de la pautada pues le han añadido dos antipsicóticos más, pasando de 2 a 4 antipsicóticos. No quiero extenderme sobre lo que hablan las guías psiquiátricas respecto a la polifarmacia, solo resumir que no aporta mejoras sustanciales y sí más efectos secundarios, por la interacción medicamentosa y porque se incrementan las DDD’s (dosis diarias definidas).
Ante esta circunstancia me dirijo a la señora que me ha atendido al llegar (desconozco su cualificación) y hago demanda de hablar con un psiquiatra para saber el porqué de este cambio de pauta la primera noche en el centro. Me responde que no hay ningún psiquiatra y que espere hasta el lunes para hablar con la psiquiatra que llevará a mi hijo, o al martes para hablar con la que le atendió en el ingreso que es quien ha establecido la pauta. Insisto en hablar con un psiquiatra pues entiendo que si es un centro socio-sanitario donde los residentes están medicados es obligado tener un equipo médico de forma continuada.
Ante mi insistencia me refieren a la enfermera que al requerírselo me informa verbalmente de la pauta (con las dosis correspondientes) pero se niega a dármela por escrito. En este momento me hacen entrega de las normas “escritas” del centro y yo pido una hoja de reclamaciones para manifestar mi desacuerdo con la actuación.
A partir de este momento interviene el señor xxxx (del que tampoco conozco su cualificación) y sostenemos una conversación un tanto tensa y con cierto tono  autoritario hacia mí.
Durante mi estancia en el vestíbulo con mi hijo, una de las residentes, que está con su visita, intenta tomar un café de la máquina y ante mi comentario de que solo es para las visitas, como me habían indicado, el Sr. xxxx con tono autoritario dice que él decide quién puede utilizar la máquina y quién no y en este caso es que puede utilizarla. Cabe decir que en las normas “escritas” no se hace referencia al uso de la máquina del vestíbulo.
·         Tercer día de ingreso: vuelvo a hacer uso del derecho de visita en las horas convenidas.
Durante mi permanencia en el centro observo la llegada de dos familiares, en momentos diferentes, con el objetivo de visitar a dos residentes, y la persona que los recibe (yyyy) después de desaparecer del vestíbulo, regresa al mismo indicando la imposibilidad de que reciban visita en ese momento. Desconozco los motivos para eso, que por otra parte pueden ser perfectamente justificables, pero me sorprende que en ambos casos los desconociera la persona que recibe a los familiares en el momento de atenderla en el vestíbulo y que no se pudiera avisar a los familiares de esta circunstancia con tiempo suficiente para no presentarse en el centro y poder evitar esa desplazamiento. Cabe decir que según mi hijo ese día en el centro permanecían solo 5 ingresados.
A la vista de todas estas observaciones ya había decidido pedir el alta voluntaria el lunes, de manera formal y cumpliendo todos los protocolos (básicamente la presencia de un médico).
·         Cuarto día de ingreso: es el padre de mi hijo quien le visita. Su padre abandona el centro hacia las 18:45.
Hacia las 19:15 de la tarde yo realizo una llamada para hablar con mi hijo y me indican que le van a buscar. Después de una espera de aprox. 5 minutos me piden que llame más tarde porque debe estar en su habitación. Realizo dos llamadas más, una a las 19:45 y la última a las 19:55.
Es con ocasión de esta última llamada que me informan de que no le encuentran en el centro, pero no saben responderme desde que hora ha desaparecido ni quien ha sido la última persona que le ha visto (trabajador del centro o residente del mismo), ni si falta alguien más.
Pregunto que hay que hacer en estos casos y responden que lo van a hablar ellos y me llamarán en media hora.
A las 20:20 aproximadamente mi hijo aparece en casa. Al recibir la llamada del centro les informo de la situación de Adrián y les comento que se quedará en casa y yo pasaré al día siguiente a buscar sus pertenencias.
·         Primer día después de la fuga: Después de poner la denuncia correspondiente en mossos d’esquadra, llego al Centro hacia las 19:15 a buscar las pertenencias de mi hijo. Me recibe la enfermera que me atendió el viernes y me indica que me espere para hablar con el médico. Comenta también que la Dra. zzzz ha estado esperando, hasta las 19:00, mi llamada y que ya se había ido. Respondo que la llamada también la hubiera podido realizar ella y más dadas las circunstancias del domingo.
En ese momento aparece el médico, que para mi sorpresa es un señor al que había visto hablando con xxxx el viernes y que había presenciado nuestra tensa conversación.
Le recuerdo el hecho de que yo pidiera un psiquiatra el viernes y nadie me informó de que él lo fuera. Justifica que él no era el de referencia y le respondo que de hecho no lo era ninguno, puesto que la Dra. Pppp solo le trató en el ingreso y la Dra. zzzz no le iba a tratar hasta el lunes, e insisto en que precisamente porque era conocedora de estas circunstancias pedí “un psiquiatra”, no el “psiquiatra de referencia”.
Finalmente me entregaron las pertenencias pero no me hicieron entrega de ningún documento de alta voluntaria o que describiera las circunstancias de abandono del centro por parte de mi hijo.
·         Quinto día después de la fuga: el padre de mi hijo va a recoger el informe de alta, con la pertinente autorización de él, como me han pedido desde el Centro.
En el informe observo con sorpresa un diagnóstico en el Eje IV que nunca antes le habían hecho y que hace referencia a “problemas económicos” y “en el grupo primario de soporte”.
Busco el significado de esas leyendas en ese eje y encuentro:
o   Problemas relativos al grupo primario de apoyo: por ejemplo, fallecimiento de un miembro de la familia, problemas de salud en la familia, perturbación familiar por separación, divorcio o abandono, cambio de hogar, nuevo matrimonio de uno de los padres, abuso sexual o físico, sobreprotección de los padres, abandono del niño, disciplina inadecuada, conflictos con los hermanos; nacimiento de un hermano.
o   Problemas económicos: por ejemplo, pobreza extrema, economía insuficiente, ayudas socioeconómicas insuficientes.

Desconozco porque vía ha llegado la Dra. pppp a esa conclusión, pues es evidente que no se corresponden con la situación real de mi hijo, lo que me confirma una vez más la falta de rigor y profesionalidad del personal de “Can Zariquey”.
A la luz de los hechos referidos pueden concluir ustedes mismos que es lo que interpreto como trato insatisfactorio, al margen del hecho de la fuga, que no tiene consideración de queja sino de denuncia por negligencia, como así lo he cursado, pero resumiendo, respecto al trato:
·         Actuación prepotente por parte del personal del centro, sin considerar el derecho del paciente, y el de la familia, por delegación expresa de mi hijo, a conocer la medicación pautada y el porqué.
·         Salvo en el caso de la enfermera en  ningún momento el personal del Centro se presenta con la cualificación pertinente. De hecho desconozco hasta el primer día después de la fuga que una de las personas que estaba en el Centro cuando requería la presencia de un psiquiatra lo era.
·         Arbitrariedad en las “normas no escritas” (ejemplo: uso de la máquina del café del vestíbulo)
·         Atención poco respetuosa: El diálogo con el médico, el día que voy a recoger las pertenecías, es de pie y en el vestíbulo. En ningún momento hay una invitación a sentarse o conversar en un despacho.
·         Ninguna información sobre las actividades del Centro
·         Poco rigor en los profesionales médicos del Centro
Por otra parte, ha llegado a mis oídos que las fugas son habituales en el centro, por eso pretendo con mi exposición de los hechos que, como responsables de los recursos de salud mental en el Maresme, velen por la protección de nuestros seres queridos que por sus circunstancias ya presentan una vulnerabilidad superior a otro tipo de pacientes.
Desde este post quiero hacer un llamamiento a las personas que han tenido experiencias con este Centro y que las aporten a través de comentarios. 

Marisa Campos Gutiérrez. Esquizomadre nikosiana.

martes, 19 de febrero de 2013

Sobre suicidios y crisis.

Ayer, a raíz de compartir en mi facebook un artículo de El periodico firmado por Risto Mejide, inicié un debate con mi amigo Tomás de la Asociación Hierbabuena. Que sí, que sí, que está muy bien que se escriba sobre esto, me decía él, pero parece que sólo se hable porque las víctimas no tienen nada que ver con esto de la salud mental. Y tenía razón. 

Los datos son los que siguen: al menos en Catalunya se han doblado las víctimas de suicidios desde el año 2008, de éstos un 90 % se considera que tenían algún tipo de trastorno mental, y (manda huevos) según el Instituto de medicina legal de Catalunya no se considera que haya ningún rasgo causal directo con el marco de crisis económica actual. 

Los médicos, como siempre, a lo suyo. Según otras disciplinas académicas como pueden ser la Antropología médica, la sociología o incluso la psicología, estos aumento alarmante si que puede tener algo que ver de forma directísima con la crisis, la pobreza, la desnutrición, el desamparo, la soledad y la desesperación que se desprende de los desahucios, el paro, el no llegar ni a mitad de mes (llegar al fin parece una utopía), la falta de persperctivas, etc. 

Los periodistas, que hasta hace no tanto tiempo, obviaban todo esto del suicidio por evitar aquello llamado efecto llamada, como si el suicidio fuera contagioso, y en cambio no lo fueran otras lacras como la violencia de género de la cual hemos tenido información detalladísima durante la última década, parecen haberse puesto las pilas y empezar a hablar de este fenómeno tabú. El porqué esta claro, creo, ya que es una forma de visibilizar y concienciar sobre una realidad social cada vez más dura e injusta. En este país la injusticia está vestida con trajes pagados por la trama gurtel y perfumada barrocamente de impunidad por un lado y, por el otro, de una masa social cada vez más grande que no tiene con qué alimentar a su familia, ni donde pasar la noche. 







 Mientras tanto las víctimas son siempre las mismas. Como decía Mario Benedetti:

Todo sigue en su sitio
 lo de arriba allá arriba
 lo de abajo aquí abajo
ay qué monotonía. 

Volviendo al tema de los suicidios un día José Valdecasas o Amaia Vispe (que como no firman uno ya no sabé quien es quien) dijo más o menos que: no elegimos el día en que nacemos, por tanto no estaría mal poder elegir el día en que morimos. Desgraciadamente, para la medicina, suicidarse es cosa de neurotransmisores, seguramente de esa traviesa serotonina, y el hecho de que de la noche a la mañana te quedes sin  trabajo, sin casa (porque se la ha quedado el banco) y que aún le debas al banco la deuda de la misma, por lo que sigues hipotecado, por no decir condenado, tenga algo que ver. Porque hay que decir que de todos los mecanismos de exclusión que existen en esta sociedad, la pobreza quizás sea el más hiriente, el más naturalizado y el más extendido.

Hablo de nuestros vecinos, aquellos a los que en ocasiones esquivamos a la hora de subir en el ascensor o que rehuimos mirar en la calle, como si estuviesen gravemente enfermos y sólo con cruzar nuestra mirada con la suya nos pudieran contagiar su pobreza. Porque en este mundo nuestro el peor paciente o al menos el más grave es nuestra sociedad. Una sociedad que adolece de prepotencia, de falta de empatía, de soberbios prejuicios, de un individualismo exacerbado que nos prometieron como la mayor de las libertades y que ha acabado encerrándonos en nuestros pisos con doble aislamiento, inoculado de forma parasitaria el germen de la indiferencia, enganchados a la desinformación que nos transmiten desde la mayoría de medios de masas y destruyendo -de esta manera tan sutil- muchos de los vínculos sociales que nos ayudaban a las comunidades a sostenernos en situaciones de angustia, soledad y sufrimiento.  Hablo de una humanidad deshumanizada, erosionada por los problemas del día a día, en los que sobrevivir se ha convertido en un objetivo desesperadamente habitual para demasiadas personas.  

En el sustento de todo este tinglado los periodistas tienen una gran responsabilidad. Y hablar del suicidio, aunque lo hagan tarde, es una forma de intentar abrir los ojos a justos e injustos sobre todo esto. Obviamente, y ya para acabar, por si no ha quedado clara mi postura. No creo que suicidarse o intentarlo sea siempre o casi siempre síntoma de estar loco. Ni siquiera teniendo más diagnósticos en la mochila que el mismo DSM, aceptaría esa circunstancia. Porque asumirla, tal y como la presenta la medicina o la psiquiatría sería deshistorizar al sujeto en cuestión, reducir su vida al juicio de una decisión (acertada o equivocada, porque seguro que razonada si que lo es), patologizar en definitiva la vida y la muerte, sin pensar que pueden haber rasgos causales directos con unas circunstacias que obviamente la medicina desconoce, porque a la mayoría de médicos no les importa un pimiento el qué, el cómo, el cuándo, el dónde y el por qué.     



lunes, 28 de enero de 2013

Mundo Nikosia.

La música amansa a las fieras; la música, como el amor, mueve montañas...hay cientos de dichos seguramente que hablen sobre este arte pero yo voy a tratar de explicarte qué es la música para mí y porque este proyecto es tan especial...

Si te lo paras a pensar, seguro que hay momentos de tu vida que van acompañados de una banda sonora muy particular. Verás, MUNDO NIKOSIA nace desde la más sana locura, desde la libertad de creación y la unión de artistas que ponen su música como moneda de apuesta para Radio nikosia... No es casualidad que los nikosianos hayamos escogido un CD recopilatorio para celebrar nuestro 10º aniversario y a la vez despertar conciencias y conseguir que la solidaridad brille entre las personas que se acerquen a nosotros, en lugar de brillar por su ausencia, un dicho más de los populares...



Para mí la música es algo clave, esencial, especial en mi vida. Puedo afirmar que la necesito. Y no, no toco ningún instrumento ni formo parte de ninguna banda de música, pero la adoro. Siempre que pienso en este arte me viene a la cabeza la palabra COMPAÑÍA. Desde bien chiquita, admiraba ya la música, sobretodo porque aislaba los gritos que habían a mi alrededor o porqué rompían esos silencios incómodos a que se daban a veces. Es una compañera de viaje, de creación, de diversión.

MUNDO NIKOSIA (ver www.mundonikosia.com) nace en el momento justo y agrupa a una seria de artistas cuya filosofia de vida coincide mucho con la nuestra, la de los nikosianos. Queremos luchar por un mundo mejor y aunque muchos nos llamen utópicos, ¿ hacemos mal a alquien ? Me encanta que seamos soñadores y que este recopilatorio aúne de lo bueno lo mejor.

Hace un par de meses estaba ingresada en el hospital y sentía esa soledad punzante que duele y que arranca lágrimas... Para hacerle frente pedí a mi compañero que me trajera música, porque no podía soportar que mi cabeza diera más vueltas. Puse unas cuantas fotos de mi gente en la habitación y junto a la música me sentí mejor, sentí a los míos más cerca y así podía dejar volar mi imaginación... Pensaba en qué pasaría si alguno de los grandes músicos que forman parte de este loco y bello proyecto entraran por esa puerta hermética y arrancaran sonrisas a los pacientes.. Sería una revolución musical y estoy segura de que mucha medicación sería innecesaria.

También la música me lleva a pensar en esos días de hace unos años atrás en los que tenía que acudir al Hospital de Día. Allí veía gente babeando por las mesas, pero había un chico que me llamaba especialmente la atención por su mirada fría, perdida, drogada... Una de las únicas actividades que le motivaban era el taller de MUSICOTERAPIA. Aclaremos, en Radio Nikosia no hacemos terapia y no nos gusta que se abuse de este término, el arte es arte y aunque en el fondo sea terapeútico para muchos no queremos que todo se etiquete así, pero en ese momento aquel chico de la mesa, con las brazos caídos, bailaba al son de la música y sonreía, sonreía y sonreía...Al acabar el taller volvía a su rincón.

Creo que entiendes perfectamente porque te explico este caso.

Andamos anestesiados por el dolor que nos causa una sociedad individualista, superficial, etc y MUNDO NIKOSIA abrirá muchas puertas para que cada mañana encuentres un motivo para levantarte.