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lunes, 2 de septiembre de 2013
miércoles, 7 de agosto de 2013
Con el tiempo...
“Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano
y encadenar un alma;
Y uno aprende que el amor no significa acostarse,
y que una compañía no significa seguridad,
y uno empieza a aprender…
Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas,
y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta
y los ojos abiertos,
y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes…
y los futuros tienen su forma de caerse por la mitad.
Y uno aprende que si es demasiado
hasta el calor del sol puede quemar.
Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma,
en lugar de que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar,
que uno es realmente fuerte,
que uno realmente vale,
y uno aprende y aprende… y así cada día.
Con el tiempo aprendes que estar con alguien
porque te ofrece un buen futuro,
significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que sólo quién es capaz
de amarte con tus defectos y sin pretender cambiarte
puede brindarte toda la felicidad.
Con el tiempo aprendes que si estás con una persona
sólo por acompañar tu soledad,
irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.
Con el tiempo aprendes que los verdaderos amigos son contados
y quién no lucha por ellos, tarde o temprano,
se verá rodeado sólo de falsas amistades.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en momentos de ira
siguen hiriendo durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace,
pero perdonar es atributo sólo de almas grandes.
Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente
es muy probable que la amistad nunca sea igual.
Con el tiempo te das cuenta que aún siendo feliz con tus amigos,
lloras por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida,
con cada persona, es irrepetible.
Con el tiempo te das cuenta que el que humilla
o desprecia a un ser humano, tarde o temprano
sufrirá multiplicadas las mismas humillaciones o desprecios.
Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy,
porque el sendero del mañana no existe.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas y forzarlas a que pasen
ocasiona que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro,
sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado,
añorarás a los que se marcharon.
Con el tiempo aprenderás a perdonar o pedir perdón,
decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas,
decir que quieres ser amigo, pues ante
una tumba, ya no tiene sentido.
Pero desafortunadamente, sólo con el tiempo…”
Jorge Luis Borges?
martes, 6 de agosto de 2013
Marilyn Monroe.
In memoriam...
Por
mi parte prefiero pasar la eternidad con Marilyn Monroe que con San
Ignacio de Loyola.
Con esta grouchesca sentencia mi padre había zanjado una acalorada
discusión de sobremesa con su hermano. El tema era de rabiosa
actualidad. La visita del Papa a España con motivo de las jornadas
mundiales de la juventud. Durante el debate ambos hermanos no se
habían ahorrado ninguno de los argumentos que se llevan discutiendo
en los medios de comunicación desde que trascendieron las cifras de
la visita papal. La misa más cara de la historia de España decían
algunos, un absoluto despropósito dada la precaria situación de
tantísimas familias que no llegaban a fin de mes, y un absoluto
ejercicio de cruel y despiadada hipocresía si se compara con la
catastrófica situación de hambruna que están viviendo tantas
personas en el cuerno de África. Los argumentos de mi tío, al cual
a pesar de su ideología aprecio más que a otras personas de mi
familia, se reducían a intentar demostrar la vigencia y necesidad de
la fe en una sociedad como la actual tan carente de valores. Entre
copas de Soberano y puros la conversación pasó de una gradual y
educada propuesta y confrontación de argumentos a un ataque personal
y despiadado por ambas partes. Una lucha entre titanes de estar por
casa. Por un lado un pequeño y desgarbado diablo como mi padre y por
el otro un angelote orondo como mi tío. Cuando éste último
profetizó el sufrimiento que indudablemente sufriría su hermano en
el infierno, mi padre dio la estocada final. Quién en su sano juicio
no preferiría pasar la eternidad con mujeres como la gran Marilyn en
vez de pasarla entre santos y querubines. Mi tío se levantó airado
de la mesa y se acabó el puro en el balcón mientras mi padre se
servía otra copa de brandy sonriendo traviesamente por su victoria.
Las
discusiones entre hermanos eran casi un ritual, como si perpetuaran
de esta forma las peleas que tuvieran de niños, preocupados aún por
competir para ver quien era más fuerte. En un cuerpo a cuerpo con
ambos sobrios mi padre solía callar y asentir ante las diatribas de
mi tío, pero cuando ambos se tomaban un par de copas mi padre jugaba
en casa; no sólo porque literalmente aprovechara las comidas
familiares que organizaba en nuestra casa, sino porque siendo como
era hombre de bar, estaba más que acostumbrado a lidiar con
borrachos y su higado parecía filtrar todo el alcohol que le echara.
Yo
estaba convencido que mi tío era de esas personas buenas que eligen
el camino que les parece menos malo. De alguna forma, el trabajo que
realizaba en los arrabales era más parecido al de un maestro que al
de un sacerdote. Entre basuras, jeringuillas, chabolas, precariedad y
delincuencia ayudaba como podía a aquellos que se acercaban a él.
En su parroquia, había instalado una pequeña biblioteca, tenía
banco de alimentos, hacia de psicólogo escuchando con paciencia y
aconsejando sin malicia durante el sacramento de la confesión. Nunca
había visitado el Vaticano o al menos nunca había hablado de ello
conmigo y eso que curioso como soy le había preguntado en alguna
ocasión. Para él era la forma que había encontrado de hacer algo
por los demás, ya que en esa forma de hacer encontraba -según sus
propias palabras- sentido para seguir viviendo. Es por esto que
siempre he pensado que algo terrible le debió pasar durante su
juventud para hallarse tan solo y desesperado, tan sin rumbo como
para aferrarse a algo tan represivo y tan injusto como los votos
sacerdotales.
En
cambio mi padre leyendo muchos menos libros había conseguido tirar
p'alante nuestra familia. Su dios era mujer, mi madre más
concretamente, a la cual nunca le vi levantar la voz. La respetaba y
la adoraba como a un pequeño ídolo cuyo altar era el mundo entero,
o al menos el micromundo donde todos construimos nuestras vidas,
creando vínculos con calles y personas, con espacios y sus muebles.
Se ayudaban y se sostenían con dulzura y cariño desde hacía más
de veinte años. También eran queridos por mucha gente en el barrio.
Eran como se dice aquí buena gente.
Pasados
unos minutos, como mi tío no entraba a pesar del frío, salí para
hablar con él. Estaba apoyado en la baranda, con el gesto medio
desencajado y el puro en la mano temblorosa. No debió oír como
salía porque dio un salto cuando le puse la mano en el hombro. Al
ver que era yo se le relajó el rostro y la mirada. Le sonreí. Me
sonrió. Me apoyé a su lado en la barandilla y esperé que dijera
algo. Él callaba. Finalmente rompí aquel silencio con aroma a
Soberano y Faria.
-Tío,
no es para tanto. Hay que tener mucho coraje para vivir la vida que
tu has escogido.
-No
hay que tener coraje, ¡hay que ser un cobarde! -Me dijo para mi
sorpresa.- Hoy en día lo que yo hago lo podría hacer desde otro
lugar, con otra profesión, con otros valores. Tu padre tiene razón,
la Iglesia agoniza de tanto exceso y fastuosidad. Casi nadie cree en
nuestra palabra, porque parece haberse olvidado el voto de pobreza,
que la verdadera riqueza de un hombre está en su espíritu, y que
sin caridad y fraternidad no hay esperanza para nosotros, ni fe que
valga la pena.
Mi
tío con sus palabras me había dejado helado. Nunca le había
escuchado hablar así. Al parecer la derrota infligida era mayor de
lo que suponía. Ambos quedamos en silencio durante un minuto en el
que algo se desmoronaba en mi interior. Quizás la imagen que siempre
había tenido de mi tío como persona íntegra y buena, se estaba
desquebrajando en un arrebato de sincera tribulación. Esperé unos
segundos antes de volver a hacer una pregunta, sopesando con calma la
necesidad de ésta, paladeando su agrío sabor, su regusto a un
pasado secreto que yo ignoraba y que quizás no descubriría nunca.
-¿Por
qué dices que hay que ser cobarde? ¿Acaso huyes de algo? -Le
pregunté finalmente.
-Todos
huimos. La vida es una huida constante y sin retorno. Un camino que
se emprende por obligación y en el que tenemos que andar con mucho
cuidado para no caer ante los golpes de la vida. Pero todos caemos.
Inevitablemente, de una forma u otra caemos, porque la vida pega
duro. Y levantarse es una obligación. Todos tomamos en algún
momento decisiones desesperadas, nos escondemos en la oscuridad a la
espera de esa luz que nos ilumine y nos guíe, nos acoja en su seno y
de algún sentido al sinsentido que resulta vivir.
-¿Estás
hablando de Dios?
-Estoy
hablando de la necesidad humana de pertenecer a un grupo, del
sentimiento de arraigo que sostiene nuestras pobres vidas, de
identificarse con una idea y un rol que nos aporte estabilidad. Todas
las ideas que pasan por nuestra cabeza tienden a moldear nuestra
identidad, nuestra máscara, esa que todos llevamos -incluso tú- y
con la que nos manejamos en sociedad. De como se equilibren las
aristas de nuestra máscara dependerá el como nos movamos. Siguiendo
por igual nuestro instinto, nuestra inteligencia y nuestra corazón.
Siendo como somos, sin pensar en como somos, siendo y ya está, sin
necesidad de otra cosa que vivir el instante, sus alegrías y sus
penas. Si eso es Dios, o si Dios nos hizo así lo ignoro. Es más,
ignoro si hay un Dios. Yo no trabajo con valores distintos de lo que
lo haría un rabino, un imán, un monje budista o un educador social
ateo. Cambia la forma, el color de la máscara, cambian incluso las
palabras, pero todos hablamos de lo mismo. Hablamos de hacer el bien.
Que digo hablamos. Hacemos el bien, porque las palabras sólo son
piedras que consiguen hacer aterrizar a las ideas que flotan en
nuestra mente, las hacen casi tangibles, pero nunca será lo mismo
hablar de amor, que actuar con amor... Nunca será lo mismo que hacer
el amor. ¿Me explico chiquillo? ¿O estoy demasiado borracho?
-Te
has explicado muy bien, tío. Muy bien. ¿Vamos a dentro?
Él
asintió. Nos abrazamos antes de entrar. Se le veía mucho más
tranquilo, sonrió y agitó su mano derecha sobre mi cabeza, como si
le quitara el polvo. Una vez dentro mi padre hizo como si nada
hubiera pasado. Le preguntó si quería otra copa y mi tío asintió.
Se sentaron en el sofá, delante del televisor, quedaba poco para que
empezara el partido del sábado en la televisión, nada y nada menos
que un Barça-Madrid. Eran dos personas tan diferentes y a la vez con
tanto en común. Recuerdos, experiencias, sentimientos, ideas... Mi
madre que mientras la discusión había preferido mantenerse al
margen y recoger la cocina para no escucharles, volvió a la sala de
estar y sonrió al verlos allí. Fue entonces cuando distinguí algo
extraño en la mirada de mi tío, algo extraño e indefinible en la
forma en que mi tío miraba a mi madre, como si le estuviera hablando
desde su silencio. Mi madre les preguntó si ya se les había pasado.
Mi padre contestó que esto sólo acaba de comenzar. Se refería al
partido y al hecho de que mi padre fuera del Barça y mi tío del
Real Madrid.
domingo, 4 de agosto de 2013
ALGUNAS IDEAS.
La transparencia del gin tonic, como la
de algunas personas, siempre fue ficticia.
La vida en ocasiones se reduce a una
lucha entre la náusea y el arrojo, entre el vértigo y la victoria
al abismo, entre el miedo al ser y la leve conciencia de estar
siendo.
Sólo hay una forma de andar viviendo
la vida y es viviendola. Así, en gerundio.
Los infinitivos son grandes ideales que
fracasan a la hora de llevarse a cabo.
Vivir, Saber, Conocer, Morir, tal vez
Soñar, son como totems ante los que rendirse y abandonarse, o Seguir
ciegamente hasta que olvidas hacia donde vas.
Desaprender no esta sobrevalorado, pero
es un concepto contaminado, lo que de verdad sirve es abandonar la
rigidez que te instala lo aprendido para poder doblar tu ego ante el
otro.
Ir a la universidad sólo te aporta
tecnologia cultural, no te convierte en alguien que sabe como vivir
dignamente.
Saber y conocer es muy distinto. Me
conozco, pero espero que nunca me sepa tan de memoria como para ser
incapaz de sorprenderme.
Me gusta las personas tan sabias, que están tan de vuelta como para ir de cara.
Tengo cientos de conocimientos al
alcance de la mano y ninguno de ellos sirve realmente para leer el
secreto que me guarda tu mirada.
Eres clara como el agua fresca, tan
clara, tan clara... que oscureces todo lo que transparentas.
La literatura tiene algo de juego
obsceno, de placer solitario, de goce puro en el lenguaje, es como un
striptease acompasado al ritmo de tu corazón.
Aunque pienses en otras personas
siempre escribes para la persona que más amas. Tú mismo.
Vivir parasitariamente del lenguaje
tiene sus inconvenientes, acabas atado a la palabra y su
inconsistencia de corcho, a la deriva en un universo sacudido por
pasiones entrecruzadas y regido por el azar y sus violencias.
La cultura o la cultura propia de cada
sociedad nos atraviesa a todos desde que nacemos, el hecho de que te
pongan un pijama azul o rosa no es casual y nos puede acompañar
hasta la tumba.
El patriarcado es tan perverso como el
matriarcado, demasiado instalado en el odio y en los mecanismos de
poder, como el machismo y el feminismo. ¿Acaso es tan dificil sentir
un verdadero respeto hacia la diversidad y construir estructuras
libres y horizontales? Sí, lo es, estamos demasiado enganchados a la
irresponsabilidad para poder ser verdaderamente libres.
De todos los modelos sociales me quedo
con el de DIVERTAD. Gracias compis del FVI
viernes, 2 de agosto de 2013
Tú.
Tú,
querido
o
querida
que
te alojas en la sombra
que
callas en tu anonimato
que
lees y piensas
que
la vida es una lucha
y
que lo importante
es
dignificar este rato
somos
iguales o
al
menos
parecidos,
ambos
aguardamos
ese
momento
en
que el grito estalle
y
los cielos se cubran
de
rebelión y de esperanza,
¿te
apetece luchar conmigo?
La
victoria
será
nuestra
si
no nos derrota
antes
el egoísmo
la
unión
siempre
hizo la fuerza
y
la fuerza
de
esta indignación tan nuestra
necesita
zafarse
de
tanta barbarie.
Si
convencemos
a
mas personas
a
tantos que sueñan
en
su soledad
a
despertar en nuestro sueño
no
habrá fronteras
ni
murallas
que
detengan la utopía,
ni
mayor peligro que
el
abandonar en lo que creemos.
Así
que vayamos
juntos
uniendo
esfuerzos
y
experiencias
pensando
en colectivo
para
ir codo a codo
superando
deseos
y
calamidades.
Esto
es la guerra
la
guerra
contra
los de siempre
contra
los de arriba
contra
aquellos
que
sembraron desigualdad
e
injusticia
de
la forma más infame
Contra
aquellos
que
ordenan
matar
y extorsionar
y
expolian tierras
cuerpos
e
ilusiones
desahuciando
vidas
y
esclavizando voluntades.
Esto
es la guerra
y
juntos
tendremos
la oportunidad
de
soñar despiertos
de
ganarle a la muerte
y
su maquinaria sistémica
su
apuesta más cruel.
¿Puedo
contar contigo?
lunes, 29 de julio de 2013
Verguenza. By my lovely friend Joan G.
La
vergüenza es la sensación de ridículo que se experimenta al ser
sorprendido en falta o embuste relevantes, en acción que conlleva
deshonra o pone de manifiesto actitud hipócrita. El apuro que suscita la
presencia de un yo psicológico y moral más profundo que ha sido
finalmente desvelado y muestra, al desnudo, todos sus defectos e
imperfecciones, antes cubiertos por el ropaje del disimulo. Es el
sentimiento concomitante a lo que interpretamos como la pérdida del
honor, aquello que nos hace acreedores del respeto del prójiimo, por
tanto es también una forma de autohumillación que invita a huir o volver
la mirada al suelo por lo insoportable que resulta el ser observado.
Síntoma
de que el individuo, sea cual sea la falta o el delito cometidos, no se
halla por completo exento de alguna sensibilidad moral, entonces no
resultarán baldíos el esfuerzo y el tiempo empleados en corregirlo y
recuperarlo, pues hay esperanza de no ser un caso perdido para el
aprendizaje moral y el cambio de conducta.
Así
asociada al sentimiento y a la conducta moral, sin la vergüenza sería
imposible la sociedad humana. Es también actividad inteligente, la
esencial capacidad empática de desdoblarnos a nosotros mismos hasta ser
capaces de vernos y pensarnos con el pensamiento y con los ojos con los
que suponemos que nos ven y nos piensan los demás en el preciso momento
en que hemos sido sorprendidos en falta. Así ha terminado por desempeñar
un importante papel en lo relativo a nuestras acciones, no sólo como
indicio de sensibilidad moral, sino como aliado de la conduca honesta
empujados por el temor a la humillación que la vergüenza impone al ser
reprobado o ridiculizado por otros. No es el sentimiento de culpa, sino
el pensamiento de que otros piensan o saben que somos culpables.
Pero
si únicamente nos avergonzamos de nuestras acciones en tanto que éstas
son vistas por otro, desaparecido el público desaparecera también
nuestro recelo a obrar el mal, si es que ningún otro recelo y cortapisa
condicionan nuestra conducta, perder por completo y ensuciar nuestro
honor, siempre, claro está, que no se sepa y que en consecuencia,
nuestra honrada reputación y buen nombre permanezcan a salvo.
Para
el individuo autenticamente honrado aquello que es motivo de vergüenza
ante otro, lo es también para sí mismo, y es capaz de sentir vergüenza
no sólo de uno mismo, sino también ante uno mismo.
Honor,
respeto, honradez, reputación, empatía, honestidad, lealtad, servicio,
convivencia, dignidad, generosidad,...grandees palabras, valores que nos
construye humanos, que orientan y organizan nuestras vidas en su
dimensión personal con lo convivencial social o comunitariamente.
No
queda tan lejos aquella sociedad donde la gente dormía con las puertas
de sus hogares abiertas, que no se atrevía a quedarse con lo que no era
suyo, con una fuerza ética asumida que le obligaba a devolver el dinero
que se encontraba o que le daba de más el tendero, si se equivocaba en
la vuelta, y hacia gala de aquel viejo dicho “pobre pero honrado”. Pero,
ante nuestras narices, todo esto ha desaparecido, hasta en los pueblos
reductos de viejas costumbres y valores.
Tras
la segunda guerra mundial, ante cualquier estrategia de naturaleza
revolucionaria peligrosa para los intereses de la élite capitalista, el
auténtico poder, en occidente se impone un sistema de partidos
adaptativo e integrador en el sistema. Emergidos en una etapa de
prosperidad y estabilidad del capitalismo así como de rápido crecimiento
del poder en los Estados sobre los pueblos y el individuo, en una fase
de optimismo contrarracional, vaciamiento de las mentes, dominio del
credo socialdemócrata y explosión de lo decadente, se ejecutó la
integración de la muy destructiva sociedad de consumo con un Estado de
bienestar reformista que negó a la revolución todo futuro.. Epifenómeno
de una época de consumismo de masas, ya en retirada, ahora esta en
reflujo y descomposición
Desde
finales del siglo XX vivimos, con profundo desengaño, la mediocridad
del mundo de la actual sociedad hiperurbanizada, tecnologizada, y
deshumanizada. Todo obedece a un plan de ingenieria social fabricado
científicamente en laboratorios, con una finalidad, hacer de este mundo
lo que hoy es . Donde el sujeto es, año tras año, un siervo más
perfecto, más integrado en el sistema, más dócil y sumiso, menos humano.
Donde está más que asumido que la democracia es una tiranía que los
ciudadanos tienen que soportar, aunque no confíen en las indecentes e
inmorales clases dirigentes. Una
ciudadanía, donde apenas existen ciudadanos, impotente ante una
picadora de carne llamada sistema, de pensamiento único: “la realidad es
que el mundo es desigual, injusto, violento, mentiroso y cruel con los
débiles”. Se repite una vez tras otra: “aunque imperfecto vivimos en el
mejor de los sistemas, es el modelo a seguir e imitar de manera
obligatoria, hoy y siempre”. La única alternativa “posible” es que
dócilmente desde dentro del sistema se retoque desde la imitación, el
conformismo, el continuismo. y la no-creatividad. El pueblo, como tal no
existe, es la sólo existe la masa sucia, pasiva y repetitiva,
escasamente creativa, mas bien conservadora y bastante resignada,
meramente preocupada por su supervivencia material, lo “practico” y lo
cotidiano. Así se conforma la sociedad del narcisismo y el victimismo
obligatorios, donde individualizados cada una y cada uno se cree El Bien
mientras coloca la etiqueta de El Mal a sus semejantes, donde la banal
retórica sobre unos derechos, impuestos, como fabulosos “logros” de unas
pretendidas “luchas” que nunca han existido, es el todo y nadie habla
de los deberes, la capacidad de sentirnos responsables y culpables .
Forzados a ser siempre víctimas que las instituciones estatales y sus
agentes sociales “liberan” graciosamente, nunca alcanzamos la plenitud
de pensarnos y concebirnos culpables de algo, en lo que hacemos y en
cómo vivimos.
No
esperemos ningún mesias salvador, ninguna organización surgida de la
nada actual que renuncia a crear un nuevo orden social, con un nuevo
sistema de convicciones y valores, que recupere desde la propia
soberania de hombres y mujeres libres lo único que somos: “homo sapiens
sapiens”: personas con capacidad reflexiva autónoma y creadora,
comprender el mundo y comprenderse a sí mismo . Que cada uno rememore la
propia existencia, cada acontecimiento, lo relea, lo repiense, que ose
contemplar con pesar y dolor la propia perfidia interior, extrayendo
lecciones, juicios positivos y negativo como un autentico aprender de la
vida vivida, no experiencias pasivas exógenas y adoctrinadoras, sino un
autotransformarse desarrolllando la capacidad de sentirse responsable y
cupable del mal pensado y realizado. Detenerse a reflexionar, cuando
todo en el orden actuales activismo descerebrado, enfrentarse a la
angustia de pensar, enfrentarse a la espantosa verdad hasta hacer
chirriar dolorosamente lo más profundo del yo. Y autoconstituir
intuitivamente desde uno, sin importar tanto la perfección como el hecho
mismo, un sistema de valores con unas normas a a vez reflexivas,
convivenciales y éticas. Sólo así es probable que consigamos empezar a
sanarnos de nuestros enormes males como son la irreflexión, la
iresponsablidad, la vida desordenada,la frivolidad, el delegacionismo,
el victimismo, el odio al otro, el narcisismo, la insensibilidad moral,
el zoologismo, la somnolencia mental y la falta de fortaleza
interior....y con cuatro maderos empezar a montar esa guillotina,
símbolo del auténtico poder popular, ante quien sentir vergüenza antes
de ese último instante mientras todo da vueltas, vueltas, y más
vueltas, cuando la última visión sea un cuerpo sin cabeza, muy familiar a
su dueño.
lunes, 22 de julio de 2013
TEXTO DE APOYO A SALTANDO MUROS
La historia de Saltando muros se me antoja similar a la de la
ciencia psi. Aparece como respuesta a una necesidad humana de generar un
espacio de comunicación y consuelo a aquellas historias silenciadas por
una biografia sacudida por el dolor, por un entorno
bienintencionadamente castrador y por un marco institucional dogmático
que obvia constantemente la palabra como herramienta principal de
comunicación y de sustento.
Desgraciadamente el problema con el que se topa una y otra vez no tiene que ver ni con la tecnología, ni con la técnica, ni con la práctica clínica; tampoco tiene que ver con el trato con los usuarios, ni con los resultados beneficiosos que se obtiene a partir del cultivo de la palabra y la re-historización que conlleva la construcción de narrativas terapeúticas a cerca del propio sufrimiento en primera persona.
Se topa en mi opinión con el deseo de modificar una realidad palmariamente enquilosada en preceptos y lógicas -como lo son las manicomiales- provadamente perversas y cerriles y con una ideología deshumanizante, endogámica y ególatra, demasiado común en un mundo psi tan carente de autocrítica y reflexión horizontal. Un mundo psi instalado en el dogma y en una certeza delirante en tanto que niega al otro e impone un tipo de discurso arbitrario y reduccionista.
Desgraciadamente el problema con el que se topa una y otra vez no tiene que ver ni con la tecnología, ni con la técnica, ni con la práctica clínica; tampoco tiene que ver con el trato con los usuarios, ni con los resultados beneficiosos que se obtiene a partir del cultivo de la palabra y la re-historización que conlleva la construcción de narrativas terapeúticas a cerca del propio sufrimiento en primera persona.
Se topa en mi opinión con el deseo de modificar una realidad palmariamente enquilosada en preceptos y lógicas -como lo son las manicomiales- provadamente perversas y cerriles y con una ideología deshumanizante, endogámica y ególatra, demasiado común en un mundo psi tan carente de autocrítica y reflexión horizontal. Un mundo psi instalado en el dogma y en una certeza delirante en tanto que niega al otro e impone un tipo de discurso arbitrario y reduccionista.
Del mismo modo que la ciencia psi tuvo que luchar por
desinstalar del dogma y de la certeza a una sociedad oscurantista debota
de dios y de María, para aportar una nueva mirada más rigurosa sobre
los problemas humanos, hoy es desde el humanismo, desde la flexibilidad,
desde la escucha y el acompañamiento, desde la empatía y la
comprensión, desde el cuestionamiento y la autocrítica desde donde se
puede ayudar a desinstalar a una ciencia que se ha convertido en la
nueva religión, para acercarla así de nuevo al ser humano y a sus
angustias y sus heridas.
Por todo ello un espacio así no puede desaparecer, ni ser
fagotizado por el poder institucional. Porque sólo desde la libertad de
acción se puede ser responsable de lo que haces, para bien o para mal.
En un país como el nuestro donde la irresponsabilidad en todos los
estamentos de poder es el pan nuestro de cada día, el ejercicio que se
pretende desde Saltando muros es tan o más saludable, tan o más
tereútico, que la más contrastada terapia. Porque sólo desde la palabra
libre y responsable se puede generar un vínculo entre profesional y
paciente.
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