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martes, 26 de octubre de 2010

LEVÁNTESE QUIEN PUEDA 7.



No recuerdo que gran sabio dijo que el problema no es saber que debes hacer, sino tener los mecanismos suficientes para poder hacerlo. En muchas ocasiones uno se encuentra con obstáculos imposibles, zanjas infinitas, muros invisibles que si se comparan con la Gran Muralla de China, ésta sería algo así como una larga, larguísima barbacana, pero no más que es eso. Los muros de los que hablo son materia de sueños, y en vez de roca, argamasa u hormigón se levantan poderosos sobre el aire desde el paradigma de lo inaccesible. En estas estaba el bueno de Carlos al que todo este tema de su primer paciente le traía por el camino de la amargura. Por un lado su ética profesional, por otro lado su sueldo como profesional; por un lado la certeza de que Máximo era una víctima, por el otro la certeza de que desde el mismo momento en que había hablado con el director del Hospital él también era una víctima. Total, que como no le parecía apropiado fabricar una bomba casera con ácido bórico y dinamitar el centro, lo único que se le ocurrió cuando llegó a su casa fue conectarse a Internet.

Buscar ayuda en la red de redes es como pescar un pez con un yo-yo, pero aún así lo hizo. En un rincón del IRC encontró un chat, llamado Modos de Locura, que quizás, pensó, le podría servir, porque este era el nombre de uno de los mejores libros sobre psicopatología que había leído en los últimos años. Se disfrazó tras el nick Suzzane, en homenaje a la canción de Leonard Cohen, para no tener que comprometerse demasiado y entró en la sala principal. No había leído la primera línea del general cuando 27 ventanitas se abrieron de par en par sobre la pantalla de su ordenador con mensajes como: ¿eres guapa?, ¿cómo te llamas?, ¿de dónde eres?, aunque la mayoría iban al grano y le proponían directamente una sesión se cibersexo. Mientras iba cerrando todas y cada una de las ventanas emergentes dudó seriamente en que este sistema sirviera para algo más que para imaginar las más oscuras perversiones de nuestra cultura en referente al juego de médicos. Pese a todo se dio una última oportunidad y publicó en el general esta frase: hola, soy psiquiatra en una planta de agudos y tengo un grave dilema diagnóstico, me gustaría comentarlo con alguien de mi profesión. Abstenerse adictos al cibersexo; por mis venas no corre sangre, corre bromuro. Unos segundos después una solitaria ventana se abrió en su pantalla con este mensaje: soy psiquiatra y hablaré contigo si me demuestras que no mientes; lo firmaba una tal Lacaniana. No sé pregúntame algo e intentaré demostrarte que digo la verdad, le propuso Carlos. La pregunta no tardó en apararecer. ¿Qué es la forclusión? Carlos, que no las tenía todas consigo al respecto de aquella tipa, tuvo ganas de decirle que era un mono-volumen último modelo, con aire acondicionado, elevalunas eléctricas y cierre centralizado, pero le pudo el respeto hacia uno de esos conceptos que habían cambiado la historia del psicoanálisis y su historia propia, al darse cuenta durante su terapia con Yoda que era incapaz de decir la palabra: gazpacho. Gracias a su verdoso maestro no tuvo más problemas en pedir dicho plato en la tasca de Manolita, donde a día de hoy lo siguen haciendo buenísimo. La forclusión -le explicó a su lacaniana interlocutora- es un concepto elaborado por Jacques Lacan para designar un mecanismo específico de la psicosis por el cual se produce el rechazo de un significante fundamental, expulsado afuera del universo simbólico del sujeto. Cuando se produce este rechazo, el significante está forcluido. No está integrado en el inconsciente, como en la represión, y retorna en forma alucinatoria en lo real del sujeto. ¿He pasado la prueba o vas a hacer que te recite de memoria todo el seminario que dedicó el tipo a la psicosis?
-Vaaaale no te enfades, mujer, en este lugar no se puede estar del todo segura. Empecemos de nuevo... Mi nombre real es Luz y soy psiquiatra y psicoanalista.
-Mi nombre es Carlos.
-A ver ¿qué es lo que te pasa?
Carlos le explicó con pelos y señales, sin ahorrase ninguna coma, aunque cambiando los nombres, todo lo que había vivido durante aquel día. Al acabar el silencioso parpadeo del cursor mostraba que el problema era de difícil solución. Después de casi un minuto lo único que se le ocurrió a aquella Luz Lacaniana fue sugerir un traslado.
-¿Un traslado? ¿has perdido el juicio? No, quien lo perdería sería yo, si traslado sin motivo a ese chico me van a llover más denuncias que al mísmisimo Al capone.
-¿Pero a ti que es lo que te preocupa la vida de ese chico o tu bienestar personal?
-Las dos cosas, joder, no es tan difícil de entender.
-Mira, trabajo para una universidad, estoy elaborando un estudio sobre pacientes con psicosis agudas, puedes enviarme a tu chico y ya me encargaré yo de que sea de los que toman placebo. ¿Te parece?
-¿Harías eso por mí?
-No, por ti no, lo haría por él.
-Gracias de verdad. Durante unas horas había perdido la fe en esta disciplina.
-De nada, sólo hago lo que debo, pero si me permites darte un consejo... Si tenemos que sobrevivir gracias a la fe, estamos más jodidos de lo que nos creemos.

Después de esta sentencia continuaron hablando durante más de tres horas. Pasado ese tiempo no sólo compartieron dudas y certezas, sino que además se habían hecho amigos. Quedaron para charlar al día siguiente a la misma hora, pero esta vez por el chat del correo electrónico. Carlos estaba exultante, su último pensamiento antes de irse a dormir fue que para pescar en río revuelto no había nada como tener una buena red.


4 comentarios:

Jesús Castro Rodríguez dijo...

Magistral y "descacharrante"...
Saludos

Almudena y Raúl dijo...

Gracias Jesús, al final creeré que escribo bien y todo.

Gracias en serio.

Raúl.

Miguel dijo...

ya me tienes enganchado a la serie.
Saludos

Almudena y Raúl dijo...

bienvenido Miguel!!!
Saludos,