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sábado, 23 de octubre de 2010

Congreso Nacional de Pesadillas

He pasado la prueba. Después de una semana de Congreso Nacional de Psiquiatría puedo afirmar (muy a modo de Obelix) que están locos estos psiquiatras. Aunque bueno, cuando les he mirado a los ojos no he visto atisbo de locura, sino más bien de una mezquina e intencionada ambición, como aquellos políticos que a falta de bases solidas en su discurso, estiran el buenrollismo como si fuera un chicle y se encierran en su elástica campana para no contestar preguntas incómodas. Yo por suerte debo ser bastante tonto. Sí, lo digo en serio y no me importa que a los 14 años en los test de C.I. me saliera una puntuación cercana a los 160, se muy bien que años de tratamiento farmacológico han dejado a mi cerebro más seco que la mojama.

A aquellos profesionales del mundo de la salud mental que después de leer estas últimas palabras sospechen que estoy en el umbral de una crisis depresiva por mi falta de autoestima les invito a seguir leyendo.

Me he servido mi segundo vodka con naranja de la noche, la cual se presenta larga e impredecible, tanto como el futuro de ese psiquiatra sobre el que estoy escribiendo en la serie Levántese quien puede. La prueba de que algo pasa con mi inteligencia, de que mi cerebro se debe encogido o por contra ( preparen las tomografías de rigor ) que se hayan abiertos más galerías en mi cerebro que bajo los cimientos de la Sagrada Familia, es que no entiendo las conclusiones de algunos estudios a los que he tenido acceso.

Vosotros, Jose, Joohny, Jesús y los que me dejo, os suplico una explicación médica razonable a estudios como el realizado por el Complejo hospitalario de Pontevedra sobre los suicidios consumados en dicha provincia. Con una muestra de 56 cadáveres, de los cuales el 78% eran hombres y el 22% mujeres, que de los mismos un 52% pertenecía a un ámbito rural y un 48% al ámbito urbano, consiguieron averiguar que el 64% de dichos fiambres habían tenido contacto con servicios de Salud mental y el resto, un pobre 36%, sólo había tenido contacto con Campofrío si eran de ámbito rural y con fiambres Hacendado si eran de ámbito urbano. Ironías a parte, lo que me provocó más arcadas que un café con sal salteado con una dosis extra de amoníaco fue que la conclusión era que las personas que usaban los servicios de salud mental se suicidaban menos. “no tengo duda” de que un antiguo profesor mío, un freak de los rosarios y devocionarios (estudie en colegio del opus pa'quien no lo sepa) que había sacado matrícula en exactas, me dijo que dos mas dos eran cuatro pero según distintas ecuaciones podía resultar que dicha suma cediera su resultado universal a 3, a 5 o incluso a infinito. Manda huevos que diría Trillo. Para mí el problema se reduce a que como afirma el doctor Berrios en “El Comentario que no pude colgar en Postpsiquiatría”, las estadísticas se basan en un arbitrario y si el arbitro no pita penalty por mucho que Sergio Ramos le haya roto la tibía, el perone y hasta los escafoides, el trapecio y el martillo a Messi en medio del área chica, pos ya se sabe, sino lo ha pitado es que no es.

Força Barça y buenas noches.

3 comentarios:

Amaia Vispe dijo...

Del estudio nada sabemos pero desde la periferia de la periferia os animamos a que sigais pensando y sirviendo de revulsivo para mucha gente.
Gracias.

Almudena y Raúl dijo...

Gracias a ti Amaia, a vosotros blogeros. Por cierto no creas que me he olvidado de tu copia del documental. Esta semana que entra cuando vuelva de Burgos te enviaré la copia.

Un abrazo!!

Miguel dijo...

a esos estudios extraños no les des vueltas. Se hacen para publicar y sacar así puntos para la bolsa de trabajo o la oposición. Yo he hecho un montón de esos con resultados tan sosos como que acuden más gente a urgencias los miércoles...
Creo que Jose y Amaia en Postpsiquiatria hicieron una entrada sobre el factor impacto que se comentó...
¿Que quien se suicida más?.. fui a un congreso que después de tres días dijeron -en resumen- que los factores de riesgo es estar triste, sin amigos y sin esperanza de futuro.. manda cojones tanta ciencia para decir lo que ya sabía mi abuela.