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miércoles, 20 de octubre de 2010

LEVÁNTESE QUIEN PUEDA 6.

Máximo Escriba era el nombre del primer paciente de Carlos. Había sido ingresado la noche de antes por orden judicial, según rezaba el informe de urgencias, por intento de suicidio. Le habían prescrito 20 gotas de haloperidol, Akinetón 5mg y 10 mg de Olanzapina. Carlos, que desde que había fichado se había puesto una máscara de seria y formal profesionalidad, se encontró a Máximo sentado en el suelo, en un rincón de la estancia, abrazado a sus rodillas, con la mirada fija en la ventana y un hilo de babas licuándose de sus labios.
-¿Máximo? -Le preguntó. Aunque no dudaba de que fuera él, no era un mal comienzo.-Me llamo Carlos y soy tu médico.
-Vete. Yo no estoy enfermo. -Le contestó Máximo sin ni siquiera mirarle a la cara.
-No pienso irme, he venido para conocerte y charlar un poco contigo.-Le argumentó con un tono amable.
-Si quieres hablar con alguien cómprate un loro. -Fue la respuesta tajante de Máximo.
Carlos pensó que debía cambiar de estrategia. Ya se había fijado en detalles como que su primer paciente no tenía vendadas las muñecas y que no llevaba ninguna vía puesta por lo que se descartaba el intento de suicidio auto-lítico y por ingesta.
-¿Sabes por qué estás aquí, Máximo?
-Yo sí, ¿y tú? ¿sabes por qué estoy aquí?
-La verdad es que no, ¿me lo cuentas?
-Para qué, no servirá de nada... -Dijo Máximo de forma enigmática.
-Hombre puede servir para que salgas de aquí. ¿O no quieres salir? - Carlos se sentía como si le tuviera que poner una zanahoria delante de la boca a Máximo, para que la conversación avanzara. Éste miró al médico con una mueca irónica y le dijo:
-Claro que quiero salir de aquí. El problema es que cuando salga de aquí me encontraré con los mismos problemas que me han traído hasta aquí y que esperan allí fuera para volverme a traer aquí. A veces me siento como una pelota de tenis golpeada en un lado por la vida y en este otro por la muerte. Tío, estoy cansado, sólo quiero descansar.
-¿Qué problemas son esos? Cuéntamelos y prometo que te dejaré descansar.
-De acuerdo, aunque ya te aviso de que no servirá de nada. -Accedió Máximo, mientras invitaba con un gesto a que Carlos se sentara.- Tengo 19 años y hasta donde se remonta mi memoria no ha habido un sólo día en que no fuera a participar de la “Santa misa” -Dijo remarcando con los dedos las comillas. -¿Crees en Dios, Carlos?
-A veces.
-Pues mis padres son miembros de una congregación ultra-católica. Yo hace tiempo que dejé de tener fe y justo desde el preciso momento en que deje de creer en Dios mi vida se convirtió en un infierno.
-¿Crees que dios te ha castigado?
-No, no soy tan tonto como para creer que todo el sufrimiento que vivo sea por designio divino, es algo más simple. Mi vida es un engaño, como una comedia de las malas, en las que por amor y respeto a mis padres debo seguir con unas costumbres que me parecen de lo más absurdas.
-¿Has intentado hablar con tus padres sobre tus creencias?
-Sí, en alguna ocasión, y es curioso, pero siempre, después de cada intento, acabo pasando unos días aquí.
-Entonces... ¿no te has intentado suicidar?
-Según se mire, para mis padres soy un suicida...
-Venga Máximo, a la gente no la traen aquí por nada.
-Hace años sí que lo intenté. Mi padre echó literalmente a patadas de mi casa a una buena amiga sólo porque nos estábamos besando. A mí, prefiero no contarte lo que me hizo. Horas después me arrojé al río desde el puente más alto... No sé quien me rescató, pero al despertar estaba aquí. Desde ese día tengo una suite reservada en este hospital, con todos los gastos pagados y unas vistas maravillosas al río y la catedral. Irónico, ¿no te parece?
-Sí, un poco.
-Ahora ¿qué piensas hacer?
-Intentar ayudarte, no sé cómo, pero lo intentaré.
Máximo sonrió con tristeza, como si ya hubiera escuchado esas palabras anteriormente, y volviéndose hacia la ventana guardó silencio. Carlos se levantó y salió de la habitación. Se dirigió hacia el control de enfermería y dejó la orden de que fueran reduciéndole la medicación a Máximo, hasta suprimirla. Tomó el informe de otro paciente y ya se dirigía hacia su habitación cuando le sonó el busca. Exigían su presencia en dirección.

Justo Patricio Jesús San José era el rimbombante nombre que brillaba en una placa en la puerta del director. Cuando ésta se abrió un tipo calvo y orondo, con pinta de franciscano, banquero o especulador, invitó a Carlos a pasar.
-Hola, hola, ¡¡¡tú debes ser el nuevo!!!
-Sí, eso parece.
-Bueno pasa, pasa, siéntate.
-Gracias.
-Mira Carlos ¿Te llamas Carlos, no? -Éste afirmó con la cabeza.- Seré breve porque tengo una reunión en el club de Golf con unos accionistas, entre ellos los padres del paciente ese al que acabas de ordenar que reduzcan la medicación, Máximo creo que se llama. Tendrías que conocer a sus padres... Son una pareja extraodinaria, muy comprometidas con las causas sociales de esta ciudad, como este hospital. ¿Sabes a lo que me refiero?
-Sí, de momento le sigo.
-Así me gusta, yo no tengo idea de medicina, pero sé como llevar una empresa, y este hospital es una empresa modélica, que aporta grandes beneficios a aquellos que se comprometen con su causa. Nunca le diré a ninguno de mis empleados como ha de hacer su trabajo, del mismo modo que ellos no se entrometen en el mío. Es lo que yo llamo una relación profesional recíprocamente beneficiosa ¿me sigues?
-Sí, creo que sí.
-Un tipo listo, sí señor, lo tenéis que ser para haberos aprendido todos esos libros. Yo sólo tengo un libro de cabecera, Las Sagradas escrituras. Me lo he tenido que aprender para estar a la altura de la alta sociedad. ¿Me sigues?
-Sí, le sigo.
-Pues nada, ya sabes cómo funciona esto, no te molesto más. Vuelve a tu planta y hazme caso, no le retires la medicación a Máximo, a la larga todos saldremos ganando.
-¿Todos?
-Sí, todos.

Carlos salió del despacho de dirección casi en estado de shock. Se sentía sucio, como si le hubieran violado. Tanto era así, que no subió a la planta de agudos, se dirigió directamente al parking, donde subió a su coche. Tardó 30 largos minutos en reaccionar. Pasado ese tiempo supo que debía hacer.

2 comentarios:

Jony Benitez dijo...

esto es lo máximo....
que pasa que pasa

Almudena y Raúl dijo...

La respuesta a estos y otros enigmas después de la publicidad. jijijijiji