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viernes, 4 de marzo de 2011

MÁSCARAS? NI POR CARNAVAL.


Se acabó por fin febrero y llegaron los carnavales a mi ciudad. Después de un mes recargadísimo de viajes, en el que he intentado sobrellevar como he podido el estrés que suponía estar casi dos semanas (entre viajecito y viajecito) fuera de mi casa y cumplir con todos los compromisos adquiridos con la radio, se acabó lo que se daba. Al acabar el seminario de Radio Nikosia en Tenerife y sentarme en la mesa para degustar una comida a todas luces deliciosa algo se fugo de mí. Sigo sin saber las causas. Quizás fueron los dátiles o la mermelada de higo (creo que nadie más en la mesa los probó), quizás, simplemente, fue algo así como el cansancio del guerrero, derrotado, en la victoria, por él mismo, por sus ganas de volver al hogar y descansar junto a su amada. Lo cierto es que fuera por el motivo que fuera enfermé. Desde ese momento algo de mí se fugó de la isla, mientras el resto se esforzaba por mantener la atención (cosa difícil en ese estado de salud) y disfrutar así de la compañía de aquellos que habían hecho posible con su esfuerzo aquel viaje. En aquella tesitura me vi situado como obligado observador.

Como dice Jesús tan certeramente en el post que dedica a nuestra visita, yo también tuve la sensación de reconocer, más allá de la sorpresa inicial y de las ideas preconcebidas por el misterio que alimenta la blogósfera sobre el físico de sus protagonistas, aquellos puntos en común que nos han unido, más allá de nuestras diferentes realidades y formas. Cosas obvias en muchos casos, otras no tanto. Con cada palabra que escuchaba en boca de Jose, Esther o Amaia (de Jesús ya me había hecho una idea por teléfono y por fotografías y con César apenas hablé), se ponía cara a ese cuerpo que ya habían construido y compartido con palabras. A Jose (que por cierto no deja de ser el nombre de Guardiola -en mi opinión el mejor entrenador del mundo- con quien guarda un inquietante parecido), lo vi apasionado y exhaustivo (incluso para hacer de auténtico hooligan madridista), a Amaia, dulce e inteligente (de esas personas capaces de entregarse por un ideal), y a Esther, firme y elegante (una auténtica dama de hierro con un corazón de esos que no caben en muchos pechos). O Fernando un tipo singular donde los haya y que, por eso y por todo lo que tiene que decir cuando quiere decir, vale la pena conocer. No me gustaría olvidarme de aquel R-1 -de quién por desgracia he olvidado el nombre-, que me pareció ágil y despierto, con muchas ganas de que cambiaran las cosas, que es precisamente aquel punto donde todos confluíamos. Desde nuestro narcisismo o nuestra timidez, desde nuestra fuerza y nuestra debilidad, desde nuestras posibilidades y nuestras limitaciones, cada uno siendo como es, con su discurso y su narrativa, desde sus prejuicios (de los que nadie nos salvamos por completo), con tantas virtudes como defectos (sobre todo para un ojo malintencionado) tod@s l@s que nos reunimos bajo aquella carpa de la plaza del príncipe (o como se llamara) estábamos ahí porque teníamos esperanzas. Creo que ese sentimiento, más que cualquier idea o cualquier realidad variable, nos había hecho confluir a casi-tod@s aquell@s que formamos la llamada disidencia. No por nada, conspirar o convocar significa rebelarse contra un superior o un soberano. En nuestro caso, este no es otro que el sistema de salud mental, un sistema del que es sabido su arbitrariedad y su injusticia, y que cada uno lo vivimos, lo sufrimos y lo combatimos con nuestras mejores armas.

Durante el seminario se dijeron muchas cosas, no sé si son muchas verdades César; la verdad, lo único que tengo claro que son una parte de nuestras verdades, las de Joan y de Raúl en representación, de Radio Nikosia. Después de llegar a Barcelona y dormir y recibir un pinchazo de Risperdal y no saber decir que no a una nueva obligación periodística, me ha parecido que lo menos que podía hacer era escribir esta breve reflexión. Y ésta no puede acabar de otro modo que agradeciendo todo aquello que me habéis hecho vivir (aunque fuera a medias por mi estado de salud) y todo aquello que he aprendido de esta experiencia.

Amig@s, nos vemos en las barricadas!!!

2 comentarios:

Jesús Castro Rodríguez dijo...

De los prejuicios no se salva ni Rita, eso está claro. Y cada cual, cuando habla, no hace mas que parlotear de si mismo. Por eso, y efectivamente, como bien dices, especialmente en el área de salud mental, lo unico que uno tiene es SU narrativa. Un derecho básico.
Todos los que compartimos esa tarde, de una forma o de otra, y aún parloteando en demasía sobre quienes eramos, tenemos la intención de empujar como podemos en el mismo sentido.
En cuanto al dogma, tengo la tranquilidad de sentirme en el lado de los que ni tienen ni pueden ejercer la presión necesaria para convertir un discurso, una opinión, en un dogma, ni de fé, ni de convicción, y creo lo que urge es derruir el existente, cosa que veo dificil.
Para todos, y desde aquí, un fuerte abrazo.

Blog salud mental dijo...

El sistema de salud mental lo forman personas y cada vez somos más las que nos levantamos ante las arbitrariedades y las injusticias. Como dice mi compañera Cachi, "algo se está moviendo", y ahí sin duda entráis vosotros, los nikosianos del mundo entero, reclamando lo que os pertenece: un trato respetuoso y horizontal, una asistencia (o no asistencia) digna y de calidad.
Gracias por ese espacio en Radio Rubí ( reconozco que síi estaba nerviosa, jeje, más de lo que yo misma creía como he podido comprobar al escucharme) y concretamente a tí, Raúl, gracias por la comprensión y la escucha.
Y descansa!, que ya toca.
Besos.
Esther.