Páginas

jueves, 23 de diciembre de 2010

APERITIVO DE LA NUEVA REVISTA NIKOSIANA.

Jordi Marfà (Psiquiatra)


Médico especialista en psiquiatría y psicoanalista. Casado. Secretario del Comité de ética asistencial de la Fundación Congreso Catalán de Salud Mental. Jefe de psiquiatría para adultos del C.S.M. de Badalona. También conocido por ser padre de Jordi Marfà (hijo) violín de la banda Cheb Balowsky. Política: de izquierdas. Religión: freudiano.


Hablar con Jordi es aprender a apreciar el valor de cada individuo y de su discurso sin necesidad de ningún artificio. Desde una humildad nada impostada reflexiona sobre el pasado, el presente y el futuro del mundo de la salud mental, el valor incontestable de la palabra y nos recuerda la importancia de haberse situado de alguna manera y en algún momento al otro lado de la mesa, en el lugar reservado para los locos, para poder comprender realmente lo que llaman trastornos mentales.

-Estudiaste medicina ... ¿Qué te hizo elegir la especialidad de psiquiatría?

-La verdad es que fue el revés. Estudié medicina porque quería hacer psiquiatría. En su momento miré las opciones que tenía y eran o estudiar psicología o estudiar medicina y especializarme. Como la carrera de medicina era más larga me pareció más consistente.


-¿Y de dónde venía este interés por la psique?

-La vocación era un poco interesarse por los fenómenos psíquicos, al leer a Freud, por ejemplo. Lo que no había planeado era estudiar medicina, pero una vez metido estuve a punto de acabar siendo cirujano. (Risas) Cuando entré a hacer prácticas en el psiquiátrico de la Santa Creu me devolvió aquel interés inicial por el mundo "psi", que por otra parte nunca había abandonado.

-Nos han explicado que en el antiguo manicomio de la Santa Creu se veía de todo. ¿Cúal es tu recuerdo de la institución?
-La primera visita la hicimos guiados por la doctora Tejedor. Ella, más allá de las teorías mentales o psicodinámicas, nos habló sobre las necesidades de las personas que estaban allí. Era una época en la que se había producido una gran inversión en personal para el centro y años después nos hemos ido encontrando prácticamente todos.
 

-Quemar camisas de fuerza debe ser algo que une aunque sea simbólicamente.
-No participé en la quema, pero si que estuve alrededor. Al final del franquismo el discurso de la antipsiquiatría tenía un fuerte eco, todo lo que rodeaba esta liberación de las antiguas instituciones era algo muy atractivo y yo no dudé en meterme de lleno.
 

-Hoy parece que hablar de Lain, de Cooper, de Bassaglia sea como las historias de la puta mili. ¿Qué ha quedado de todo aquel movimiento?
-Los tiempos cambian y sin duda en ese momento fue crucial el ejercicio crítico que hicimos contra toda la tradición psiquiátrica que aún perduraba durante la dictadura. No era sólo que hubiera sacado de las facultades herramientas como el psicoanálisis -lo que todavía dura- sino que las tesis biológicas de tipo fascista como las de Vallejo Nájera o López Ibor estaban a la orden del día. Veníamos de un lugar muy difícil y muy duro y el problema es que en Cataluña ha avanzado de manera muy desordenada. Los lobbys clericales y sus manicomios privados están muy arraigados en la cultura del país.
 

- ¡¡Con la Iglesia hemos topado!!
-Pues sí, la prueba es que en otras comunidades han partido de planes estratégicos inspirados en el modelo catalán y a lo largo de los años se han salido bastante bien, mientras que aquí seguimos más o menos igual.
 

-Algo pasa cuando después de 30 años hay más camas psiquiátricas que en los años de la reforma.
-Yo diría que el sistema de salud se ha convertido en una especie de chiringuitismo donde hay más de sesenta proveedores, pequeñas instituciones semi-públicas que deben orquesta los cambios de las reformas. Es una tarea muy complicada. Además la raíz de esta psiquiatría más fascista ha quedado muy acantonada en las cátedras y en otras instituciones escondidos bajo una etiqueta de biomedicina. A mí personalmente me hace gracia cuando se habla de psiquiatría biomédica, cuando la medicina va más allá de la biología y desgraciadamente lo que hace que aún se lleve una forma de hacer muy similar a la que hacía Kraepelin en el siglo XVIII, a pesar de los avances científicos.
 

-Es más fácil entender cómo funciona un ordenador, que arriesgarse a escuchar el paciente.
-Creo que la burocracia con sus indicadores, sus objetivos, etc, son un gran obstáculo en la relación entre terapeuta y paciente. Desde el momento en que tenemos que dedicar unas horas para marcar las correspondientes casillas son horas que dejamos de estar con el paciente. Dejando de escucharlo, lo que implica una mayor dificultad para intentar ayudarle a superar sus dificultades. Más aún cuando la psiquiatría no tiene ningún otro biomarcador que no sea la palabra y lo que ésta esconde.
 

-Así las cosas, no es nada extraño que la última vez que voy a ir a urgencias a la historia médica aunque saliera antecedentes superados desde hace más de diez años.
-Nosotros en el ambulatorio lo vemos a diario. No vale el estado de la persona, sino el que haya remarcado en ese archivo informático. Con el problema añadido que de este mal uso se desprenden consecuencias personales y sociales para el afectado. En el momento en que la informática se convierte en un obstáculo para mi relación con el paciente deja de ser una ayuda. Los medicos tenemos que interrogar, tenemos que escuchar, tenemos que explorar. En psiquiatría eso no vale. En psiquiatría para explorar debemos dejar que el paciente explique, que razone a su manera, y sin que ello suponga una deferencia ni cortesía para él, es ni más ni menos que un buen uso de la técnica psicológica.
 

- ¿Es mejor preguntar qué tienes o que te ha pasado?
- Las preguntas deben ser abiertas. ¿Qué, cómo vamos? ... (Risas) ... Cuando ves a alguien ya estás intercambiando información de cómo está ese día al ver la cara, el posado, es el primer conocimiento del otro. Las preguntas deben facilitar que el otro diga lo que quiera. Hay preguntas que lo único que hacen es refrendar lo que el paciente se imagina de sí mismo. Los diagnósticos no se deben colocar, sino que han de extraer. Según las modas e incluido del hospital se puede saber de que está diagnosticada una persona y esto no es una tontería, eso habla muy claramente del carácter inefable de los diagnósticos y como no se pueden tomar en broma.
 

-A pesar de todo, parece que hablar de Freud, de Jung o de Lacan sean los nuevos pecados en el universo clínico.
-También lo era en tiempos de Freud ... (Risas) ... En tiempos de Freud también se decía que el psicoanálisis estaba totalemente superado por la psiquiatría de vocación biológica. Esta claro que muchas de las cosas que dijo Freud son mejorables, pero hay muchas que todavía son absolutamente vigentes y desde aquí reto a quien quiera a que me demuestre lo contrario.
 

-Venga! Y quien pierda que acabe durante un tiempo estirandose en el diván.
-Pues a buen seguro le sería de provecho. Mis pacientes dicen de mí que se sienten escuchados. Creo que esto, aparte de por mi formación médica y psicoanalítica, es por que durante un tiempo, un buen tiempo ocupé este espacio que parece reservado para la gente como vosotros, pero en la que en realidad cabemos todos. De alguna manera, tumbarme en el diván me da la posibilidad de ubicarme al otro lado. Yo me siento heredero del espíritu de Freud y eso tiene un beneficio inmediato si eres capaz de aliviar el sufrimiento del paciente. No sé qué buen hombre dijo una vez que un médico tiene de curar en rarísimas ocasiones, mejorar cuando se pueda y consolar siempre. Curar es complicado, las gripes se curan, pero se curan solas y las herramientas de la cirugía no son las adecuadas para un trastorno mental.
 

-Si al final la psiquiatría lo que hace es aliviar o consolar, la ética y el valor que se le dé a la palabra es capital para no vulnerar los derechos de los pacientes, que al fin y al cabo son los derechos de todo ser humano.
-Son fundamentales. Desgraciadamente estos conceptos no se deberían  ni discutir, junto a la no maleficiencia, la beneficencia, la autonomía y la justicia parecen la sopa de ajo, pero hay gente que no se entera. Los sanitaristas en pleno deberíamos ayudar a la gente y tener cuidado de no hacer daño a la gente. Esto sobre el papel es muy sencillo, pero luego a ver quién es el guapo que denuncia a un compañero. Es por ello que este movimiento de darle voz al usuario es tan importante tanto para la parte estratégica, como por la parte terapeútica.
 

-Estamos muy despistados. Podrías recordanos cuales son nuestros derechos.
-Como dice la última resolución de la O.M.S. : Todo el mundo tiene los mismos derechos y si una persona no puede llegar por cualquier discapacidad, se le debe ayudar. Sin incapataciones, ni usos lesivos. Se le debe ayudar y punto.
 

-En eso tu hijo y tú estaréis de acuerdo. ¿Crees que la vida con música suena mejor?
-Sí y tanto, yo también toco en una pequeña formación y pienso que sentir que la gente baila al ritmo que tocas y que luego te aplaude es una de las mejores sensaciones que hay en esta vida. Es una terapeútica que sirve para todos, sin discriminaciones.

2 comentarios:

Jony Benitez dijo...

Hay que traerle s la otra psiquiatría!!!
crack
abzs

Almudena y Raúl dijo...

Abrazos y Felices fiestas recrack!! Yo creo que el tema no es traer a nadie a La otra psiquiatria, sino que vosotros y la Fundació Congrés Català de Salud Mental os conozcáis e interactuéis. En serio nene, estáis hechos los unos para los otros. En breve os pondré en contacto. Abrazos!!!