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miércoles, 16 de febrero de 2011

CHARLAS SOBRE ESTIGMA.


Ayer durante una charla con miembros de un club social de por aquí cerca me preguntaron cuál era el mayor triunfo de Radio Nikosia en su lucha contra el estigma. Ha habido tantos... Pero más que con la cantidad, me quedo con la calidad. Radio Nikosia se construye fuera de todo ámbito clínico, deja fuera toda identidad surcada por categorías diagnósticas y es gracias a esto que uno puede redefinir la locura y su sufrimiento: increpándola, compartiéndola, cuestionándola y, por que no, refugiándose en ella, expulsándola, ubicándola en el lugar de lo normal, abrazándola, conviviendo con ella y sus vaivenes, padeciéndola. Es una suerte de arqueología personal y colectiva en la que al redefinir nuestro sufrimiento, acabamos por redefinirnos a nosotros mismos. De esta forma, al situarnos en un espacio como el de una radio libre y comunitaria, que trabaja desde la normalidad más cotidiana de la comunidad, reconstruimos nuestro discurso, para así poder reestructurar nuestra personalidad.

La única norma que preside Radio Nikosia es el respeto a las personas, a sus vivencias, sus experiencias, sus emociones, sus narrativas. A partir de que uno empieza a ser considerado un redactor, un productor, un pintor, un poeta, un escritor, un músico, de alguna manera se atenúa la carga de un sufrimiento que viene de regalo con cada diagnóstico. Por tanto es desde la reivindicación de nuestro lugar en el mundo, en la lucha por conseguir un papel no impuesto y que nos satisfaga en esta tragicomedia de la vida, en definitiva, desde la defensa irreductible de los valores que asimilamos y compartimos en grupo que se nos hace más soportable nuestra condena.

Todos somos víctimas en mayor o menor grado. Víctimas de la sociedad y sus prejuicios, víctimas de la “ciencia” y sus normativas, víctimas de familias desestruturadas o de nosotros mismos. Víctimas al fin y al cabo del poder y su soberbia, de sus imposiciones castradroras, de sus mordazas químicas, de su negativa constante a integrar la diferencia en pro de un ideal de sociedad inalcanzable. No hay sólo motivaciones económicas, hay verdadera xenofobia hacia nuestro colectivo, como lo hay hacia los inmigrantes, hacia las mujeres, hacia los niños, hacia los enfermos, hacia todo aquel que no puede o no quiere ocultar su debilidad o su diferencia.

Hoy en día todos debemos ser altos, guapos, jóvenes, emprendedores, inteligentes, triunfadores, etc. Es curioso que cuando uno cumple estos requisitos sociales es casi siempre aceptado, admirado, encumbrado a los altares del proselitismo mediático. Existe por tanto una xenofobia clasista, estética, moral. Donde lo feo, lo pobre, lo viejo, no tiene cabida en esta sociedad de usar y tirar. Estas son las reglas del juego y ante esto nos revelamos desde nuestra sensibilidad, seguramente lo más valioso que tenemos como individuos.

Cada nueva charla, cada nuevo paso es un triunfo, agridulce al comprobar que la mayoría de los que nos escuchan, admirados, al salir del auditorio se encontraran de nuevo con los mismos recursos paternalistas, donde ellos no son más que un expediente, un diagnóstico, un usuario o un enfermo mental.

Al acabar la charla de ayer un hombre de unos cuarenta y pico con la mirada fugada de tanto fármaco me abrió la puerta y me dijo:

-No estamos locos, somos enfermos mentales.

Le miré un instante y le dije:

-Eso lo serás tú. Yo prefiero estar loco y ser responsable de lo que pase en mi vida.

-Eso te quería decir. Que soy un enfermo. -Añadió ya fuera del recinto antes de exclamar.- !Uy¡ Está lloviendo.

Encendí un cigarro bajo el txiri miri, pensando que para él la vida era como aquella tarde de lluvia, algo que nunca se espera, algo que nunca se puede controlar, seguramente porque nunca le habían dado la oportunidad de ser dueño de su vida, y me entristeció vislumbrar aquella perspectiva, en la cual podría haber acabado yo mismo. Le di la mano, le deseé ánimo y fuerza y me despedí con un simple: “Adeu”. Sé que hay gente que nunca bajará a las barricadas.

1 comentario:

Jesús Castro Rodríguez dijo...

Lo has clavado. Siempre mejor loco que enfermo.
Un abrazo.