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viernes, 30 de diciembre de 2011

LA CIUDAD INVISIBLE.




La ciudad se esconde tras mis pupilas
no hay luz ni parpadeo
no cantan los gorriones ni silba el viento sus viejas
canciones de amor. La ciudad se camufla
en mis entrañas temerosa
sin voces ni cantos ni esquinas
que fluyan entre los adoquines mojados.
Las sombras de la noche proyectaron
en las fachadas: garras y dientes,
fauces que ladran a dentelladas, vidrios
quebrados como gotas de lluvia,
silencios infames que desatan los demonios.
Y yo, solitario como un gato en la noche,
miro en mi interior urbano, busco
algo a lo que aferrarme para no caer perdido
en mi propia ciudad. Fabrico delirios
inacabados, castillos de arena o de naipes,
versos cansados de su propia existencia,
excusas absurdas que tienden puentes
que no llegan a ningún lugar...
Y extraño en mi misma extrañeza
los días soleados en los que me mirabas
erguida en tu inocencia, las tardes tranquilas
en que tendías tu mano solicita
buscando a tientas aquellas palabras que
nos acercaran más allá de cualquier abismo
abierto en la oscuridad del desván.

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