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domingo, 6 de mayo de 2012

Pedro Salinas, Perdóname.

LA VOZ A TI DEBIDA

Versos 1449 a 1470



Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor, alguna vez.
Es que quiero sacar
de ti tu mejor tú.
Ése que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en alto como tiene
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan sólo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.
Y que a mi amor entonces, le conteste
la nueva criatura que tú eras.

jueves, 3 de mayo de 2012

Diario de... Rosario y Antonio.


Rosario tiene 46 años. Yo conozco su existencia por el programa de Radio Nacional: Carne Cruda. Es madre y abuela y hasta hace unas semanas era la esposa de Antonio. No hace ni un mes que Antonio se quitó la vida cansado de luchar contra la precariedad, vencido por la enorme frustración que le suponía no tener trabajo (por ser demasiado viejo para trabajar, le decían, con apenas 47 años recién cumplidos). Este relato pretende ser un pequeño boceto de su historia, la viñeta ficticia de una familia rota por la precariedad y la marginación, por la falta de expectativas, el drama en carne viva del paro y la crisis con el peor de los finales posibles, una reflexión sobre la desesperanza y sus consecuencias, un ensayo mínimo sobre el infinito dolor que nos causa ser apartados del mundo cuando la sociedad deja de contar con nosotros y nos impide de alguna forma ser nosotros mismos, realizarnos, y también sobre el imprescindible espíritu de lucha colectiva que parece haberse perdido entre marasmos de pánico al decir y al hacer. Por último pretendo que sirva como homenaje a una familia desgajada y deshecha por una situación de la que únicamente han sido víctimas y a su vez que nos sirva a todos de acicate, de exhortación activa a la reivindicación de nuestros derechos y el compromiso firme con nuestras obligaciones.

Antonio llevaba más de cuatro de años sin encontrar trabajo. Cuando le despidieron en el 2008 de la fábrica donde había trabajado durante casi 20 años se despidió de sus compañeros con deseos de mutuo bienestar y promesas de encuentros en el futuro. Ignoraba que aquel despido supondría una impuesta jubilación de la vida. Imaginaba, eso sí, que no le sería fácil encontrar de nuevo un puesto de trabajo, más que nada porque a las personas de su edad, a pesar de haber demostrado sobradamente su valía con experiencia y madurez, y conservar de forma viva el instinto que alimenta la curiosidad y las ganas de aprender, los empresarios suelen ignorarlos a bien de ahorrar contratando aprendices y ninguneando a los maestros.

Los meses siguientes pasaron más rápido de lo que esperado. Como si fueran impulsados por una veloz y a la vez pesada máquina del tiempo, Antonio dejaba atrás las colas del Inem, los cursos de formación, los subsidios del paro, etc. En muy poco tiempo la familia se encontró sin apenas ingresos y una vida hipotecada por ciertas políticas ajenas y enajenantes dirigidas a priori a tantos ciudadanos como ellos, pero que sólo agravaban el desolador y descarnado panorama de tantas familias inocentes.

Según datos de la plataforma ATTAC con el dinero que se ha prestado a la banca en toda Europa desde el año 2008 hasta nuestros días, se podría haber extirpado el hambre en el mundo durante los próximos 600 años. La cruel realidad de este dato revela la permisividad de un genocidio a escala mundial, un genocidio del que Antonio es una víctima más, un número en una estadística, una cifra que forcluye como todas las cifras la existencia de una biografía y todas las vivencias, las situaciones, anécdotas, alegrías y tristezas que ésta conlleva. Mientras tanto la mayoría de españoles parecen más preocupados por la despedida de Pep Guardiola o las salidas de tono de Mourinho que de ponerse en el lugar del otro, como si por el simple hecho de desconocer a tantos Antonios que hay en el mundo pudieran impermeabilizarse contra el sufrimiento ajeno.



Ignoro si fue Rosario o alguna de sus hijas quien encontró el cádaver inerte de su marido. Quiero imaginarme su rostro frío como el de alguien que ha logrado por fin estar en paz. Alguien que no sufrirá ante la injusticia, alguien que no sentirá hambre, ni dolor, ni angustia ante el enorme absurdo de un mundo dirigido por una pandilla se psicópatas soberbios y egoístas. Quiero imaginarme a Antonio como la víctima visible de un atentado contra aquello que nos ha hecho evolucionar a lo largo de los siglos: la comunicación, la empatía, la solidaridad, etcétera.

Hace pocos días Rosario relataba en un programa de radio en directo sus emociones ante lo sucedido. Sus últimas palabras iban dirigidas a todas aquellas familias que estuvieran en una situación parecida a la suya:

<<Yo sé que no me pueden ayudar, ni me pueden hacer nada. Llamo simplemente para que la gente sepa que como yo hay mucha gente, que me gustaría que alguien hiciera algo para evitar todas estas cosas. Porque yo me he quedado sin mi marido y mis hijas sin su padre. Yo no puedo superar esto, a mi me cuesta mucho seguir delante. Me cuesta mucho seguir delante... Yo no pido ayuda económica, no me hace falta ya... Lo que yo tenía ya no lo tengo que era mi marido. Sólo quiero que aquellas familias que estén en la misma situación que mi marido y yo... que sigan luchando, que sigan teniendo fuerzas... las que no tuvo mi marido, porque yo sé que hay mucha gente como yo.>>


Descansa en paz, Antonio.

martes, 1 de mayo de 2012

1º desmayo de 2012


TRABAJADORES EN LUCHA
                                    Celebremos este 1º desmayo, porque parece que hemos perdido el conocimiento
Este primer desmayo de 2012 es especial.
Nunca se había perdido tanto, se había llorado tanto, ni hubo nunca tantas personas sin trabajo, sin ingresos, desahuciados, apoyando, adorando y votando a los culpables.
Este primero de mayo, los trabajadores están en lucha……………………………., pero entre ellos, para conseguir un puesto de trabajo precario con un mísero salario.
CONTRA LA CRISIS. ES HORA DE PASAR DE TODO

El 1º desmayo es una fecha especialmente vergonzosa para la clase trabajadora de todo el mundo y parte del extranjero. Con ella recordamos la sumisión y obediencia de trabajadores y trabajadoras explotados por la patronal desde cromañón hasta nuestros días.
Hoy, las, los y les trabajadoris tenemos que seguir la lucha entre nosotros-tras, con la misma contundencia porque el borreguismo al que estamos llegando recuerda los rebaños de los pastores y los perros de la patronal, que son perros de em-presa.

La clase borrega y votante, las clases populares (juventudes del PP), los socia-listos, los colectivos suciales más favorecidos (UGT y CCOO), personas, animales y cosas, estudiantes, vagos, chivatos, trepas, sufrimos en primera línea la explotación laboral y social, nos dejan el despojo de los desechos más básicos, en un sistema capitalista-listo sostenido y gestionado por los avernos y políticos profesionales, la patronal, las grandes multinacionales y el sindicalismo institucional que nos vende miserablemente por meras migajas. Y POR ESO LES APOYAMOS...


Están agrandando todo tipo de desechos laborales, suciales e inhumanos. Hoy tenemos que trabajar más para cobrar menos, tenemos que trabajar más años para tener derecho a una menor pensión, nos obligan a firmar contratos en blanco, pagándonos en negro, pudiendo despedirnos libremente y sin indemnización, han erradicado el referente de los convenios colectivos que ponían freno a los desmanes y abusos de las empresas.

Pero seguiremos soportando la política económica y antisocial de los gobiernos con los grandes empresarios de este mundo, porque son los dueños de nuestras vidas, todo con nuestro apoyo, consentimiento e idiotez. Y además les votamos de nuevo.

Desde el S.I.M.I.O. Sindicato de Idiotas Mamones e Inútiles de Occidente, los hombres y mujeres decimos SI a esta sociedad violenta, machista y agresiva. Si a esta sociedad segregadora, racista y xenófoba. SI a este sistema consumista y desarrollista que antepone los intereses privados, las plusvalías, la competitividad, la productividad, a los derechos humanos y a la propia vida, que acepta la siniestralidad laboral como algo natural, que nos utiliza a las personas como meras mercancías.

Decimos SI a un sistema que censura la libertad de expresión, la libertad de comunicación, la libertad de asociación, que privatiza los servicios públicos, que negocia con las dictaduras, una sociedad a la que se le impone el olvido de su memoria histórica, que no anula las sentencias franquistas, que fundamenta su funcionamiento en el miedo y la represión hacia quienes se oponen y luchan por la dignidad, por la justicia social, por la libertad.

Para nuestro sindicato es la hora de callar y olvidar, la hora de pasar a la inacción, no sea que se construya una sociedad justa y libre. Es la hora de buscar un enchufe, chivarse del compañero, trepar, arrastrase y seguir apoyando a los que nos joden la vida.
Porque nosotros somos más idiotas que nadie y que todos. No queremos ser los protagonistas de nuestro futuro. Con ser secundarios nos sobra. Y también aceptamos ser actores de reparto, aunque en el reparto sólo nos toquen las migajas.
Compañeros-ras, apoyemos a los que nos joden la vida. Ahora y siempre.
Seguiremos con la hucha obrera. Es nuestra única forma de conseguir tener algo de calderilla.
¿Idiota yo? Tururú

viernes, 27 de abril de 2012

Noche de tristeza

No entrare en los motivos, pero hoy más que nunca tengo presentes los versos del gran Mario Benedetti. Aquí os los dejo. 



A la izquierda del roble.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
en el que uno puede sentirse árbol o prójimo
siempre y cuando se cumpla un requisito previo.
Que la ciudad exista tranquilamente lejos.

El secreto es apoyarse digamos en un tronco
y oír a través del aire que admite ruidos muertos
cómo en Millán y Reyes galopan los tranvías.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico siempre ha tenido
una agradable propensión a los sueños
a que los insectos suban por las piernas
y la melancolía baje por los brazos
hasta que uno cierra los puños y la atrapa.

Después de todo el secreto es mirar hacia arriba
y ver cómo las nubes se disputan las copas
y ver cómo los nidos se disputan los pájaros.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
ah pero las parejas que huyen al Botánico
ya desciendan de un taxi o bajen de una nube
hablan por lo común de temas importantes
y se miran fan ticamente a los ojos
como si el amor fuera un brevísimo túnel
y ellos se contemplaran por dentro de ese amor.

Aquellos dos por ejemplo a la izquierda del roble
(también podría llamarlo almendro o araucaria
gracias a mis lagunas sobre Pan y Linneo)
hablan y por lo visto las palabras
se quedan conmovidas a mirarlos
ya que a mí no me llegan ni siquiera los ecos.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero es lindísimo imaginar qué dicen
sobre todo si él muerde una ramita
y ella deja un zapato sobre el césped
sobre todo si él tiene los huesos tristes
y ella quiere sonreír pero no puede.

Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico

ayer llegó el otoño
el sol de otoño
y me sentí feliz
como hace mucho
qué linda estás
te quiero
en mi sueño
de noche
se escuchan las bocinas
el viento sobre el mar
y sin embargo aquello
también es el silencio
mírame así
te quiero
yo trabajo con ganas
hago números
fichas
discuto con cretinos
me distraigo y blasfemo
dame tu mano
ahora
ya lo sabés
te quiero
pienso a veces en Dios
bueno no tantas veces
no me gusta robar
su tiempo
y además está lejos
vos estás a mi lado
ahora mismo estoy triste
estoy triste y te quiero
ya pasarán las horas
la calle como un río
los árboles que ayudan
el cielo
los amigos
y qué suerte
te quiero
hace mucho era niño
hace mucho y qué importa
el azar era simple
como entrar en tus ojos
dejame entrar
te quiero
menos mal que te quiero.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero puedo ocurrir que de pronto uno advierta
que en realidad se trata de algo más desolado
uno de esos amores de tántalo y azar
que Dios no admite porque tiene celos.

Fíjense que él acusa con ternura
y ella se apoya contra la corteza
fíjense que él va tildando recuerdos
y ella se consterna misteriosamente.

Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico

vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
sólo de a ratos parecía
que iba a vivir
que iba a vencernos
pero los dos fuimos tan fuertes
que lo dejamos sin su sangre
sin su futuro
sin su cielo
un niño muerto
sólo eso
maravilloso y condenado
quizá tuviera una sonrisa
como la tuya
dulce y honda
quizá tuviera un alma triste
como mi alma
poca cosa
quizá aprendiera con el tiempo
a desplegarse
a usar el mundo
pero los niños que así vienen
muertos de amor
muertos de miedo
tienen tan grande el corazón
que se destruyen sin saberlo
vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
y qué verdad dura y sin sombra
qué verdad fácil y qué pena
yo imaginaba que era un niño
y era tan sólo un niño muerto
ahora qué queda
sólo queda
medir la fe y que recordemos
lo que pudimos haber sido
para él
que no pudo ser nuestro
qué más
acaso cuando llegue
un veintitrés de abril y abismo
vos donde estés
llevale flores
que yo también iré contigo.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
que sólo despierta con la lluvia.

Ahora la última nube a resuelto quedarse
y nos está mojando como alegres mendigos.

El secreto está en correr con precauciones
a fin de no matar ningún escarabajo
y no pisar los hongos que aprovechan
para nadar desesperadamente.

Sin prevenciones me doy vuelta y siguen
aquellos dos a la izquierda del roble
eternos y escondidos en la lluvia
diciéndose quién sabe qué silencios.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero cuando la lluvia cae sobre el Botánico
aquí se quedan sólo los fantasmas.

Ustedes pueden irse.
Yo me quedo.

jueves, 26 de abril de 2012

Dos tazas de ¿Esquizofrenia?


Llevo días muy triste. Parece ser que estoy medio deprimido. A todo esto se le suma el hecho de que con mi psicoanalista entre otras cosas estoy intentando conciliar ciertos sucesos pantanosos de mi pasado dentro de mi biografía. El problema es que la teoría que yo manejo sobre los hechos en cuestión choca con las creencias de mi entorno, como si hablar de ciertas cosas, por el fango que las envuelve, fuera como abrir la caja de Pándora o el preludio de una tormenta. En mi entorno hablar de estas situaciones es equivalente a delirar y para mi resulta un esfuerzo doblemente tremendo intentar armar ese capítulo de mi historia que tanto dolor me ha causado desde entonces.

Yo por supuesto tengo mi teoría. Una teoría alimentada de recuerdos que intento analizar como si fueran la clave de todo un enredo psicótico.

Vamos a la exposición de los hechos. Durante mi infancia, mi adolescencia y los primeros años de mi juventud, era un tipo extremadamente inteligente y creativo. Con muchísima facilidad para construir historias utilizando distintos lenguajes. Hablar conmigo resultaba en no pocas ocasiones un abanico de posibilidades, ya que conseguía resolver con inusitada facilidad los enredos narrativos con los que se encontraban algunas personas (alguno de ellos famosos) y que a bien de compartir me confesaban, ante la unica intencion, por mi parte, de echarles una mano. Yo quería ser escritor. Y hay que decir que escribir lo que se dice escribir, no escribía prácticamente nada, a pesar de que mi psicoanalista en aquellos tiempos insistía e insistía en que escribiera lo que fuera, pero escribiera. Me manejaba con muchísima más habilidad en el lenguaje hablado, directo y cara a cara. Mis años de universidad los estaba empleando precisamente en indagar sobre los procesos narrativos, desde la novela o el relato, al cine o documental. Leía y leía, veía cine como un animal. Todo aquel esfuerzo formativo esperaba que algún día diera sus frutos en forma de aquella obra publicada y soñada. Pero ese día no llegaba. El consumo de Cannabis se dobló, afectando a mis roles sociales. Algo se estaba gestando en mi mente que acabaría por partir mi vida, algo en forma de insatisfacción absoluta ante la enorme frustración que sentía como creador sin obra reconocida, sin obra materializada, sin obra por tanto de la que poder presumir. Me sentía como aquellas mujeres que ante la pobreza de su vida han de dar a sus hijos en adopción. En éstas la relación con la que en aquellos tiempos era mi novia se fue enturbiando de infidelidades y otras cornamentas, mi círculo de amistades no comprendían mi humor uraño que por momentos rozaba la misantropía. Cuando a mi madre la diagnosticaron de cáncer tome la peor decisión de mi vida, más por la forma en que se hizo que por la decisión en sí misma. Quise ingresar para poder desintoxicarme de mi adicción al cannabis.

Cuando en López Ibor, a casi 700 kilómetros de mi casa y de todos los problemas que allí me esperaban, avisé de que yo lo único que quería era desintoxicarme, no me hicieron mucho caso. Al parecer todo aquello que contaba con la ligereza de una conciencia limpia y el orgullo de quien ha aportado su granito de arena en algún proyecto importante, era en su opinión delirio puro y duro. Me medicaron con haloperidol y ziprexa. Y como no respondí a la medicación hablaron de clínica abigarrada y de delirio resistente. Desde la primera toma, eso si, vi que algo malo me estaba sucediendo aunque no podía negarme a tomarla si quería salir de allí. La medicación supuso un telón de acero en mi mente, un telón que me impedía pensar y reconocerme a través del lenguaje como siempre había hecho, desde bien pequeño, pues el lenguaje era y a día de hoy sigue siendo ese andamio que me ayuda a sostenerme. De alguna forma al ser incapaz de pensarme, al haberme robado mi propio lenguaje, como si me hubieran robado el significante del nombre del padre a base de pastillazos, me encontré ante el espejo a alguien que no conocía, mientras en mi pecho una sensación de insana injusticia se hacía fuerte. Estaba convencido de que si hubiera tenido la más mínima prueba con la que demostrar mi talento nada de todo aquello hubiera sucedido. Mi madre seguiría enferma, mi novia estaría poniéndome los cuernos con algún maromo polla-tiesa, pero yo seguiría siendo aquel que siempre había sido y que habían derrumbado a mitad de la construcción.

Cuando al cabo de un mes y medio volví a mi casa, el ambiente estaba enrarecido. Yo había pasado de ser el estudiante, bohemio y vividor, que ganaba para sus gastos trabajando 6 meses al año, a ser el enfermo, el esquizo, como me etiquetó un nuevo psiquiatra, ya que mi antiguo psiquiatra y analista se había convertido en aquel al que no se podía ni nombrar. Mi novia me dejó definitivamente, mis amigos desaparecieron y mi madre se curó. Pero mis días se centraron en aquel momento en infinitas y delirantes proyecciones de aquel deseo de ser reconocido que me pudo haber salvado. Durante el día repetía como una letanía lo que había hecho y lo que había dejado de hacer, como si estuviera atrapado en un bucle del que no podía o no quería salir. Era algo así como... ¿Raúl que tal estás? Bien, como propuse para tal película, porque colabore en tal película, y en aquella otra y en aquella otra. Raúl estás como atrapado en un círculo, me dijo un viejo amigo una vez. No me queda nada más, Dani, no me queda nada más. En esta situación si alguna vez uno la posilibidad de ser creído por mi entorno aunque fuera de forma remota se disipó para siempre y por completo.Todas estas experiencias se codificaron para siempre en forma de síntoma.

Por otro lado, cuando dormía que era la mayoría de las horas tenía sueños hiperreales, sueños que como le confesé “al panolí”, que era como llamaba a mi médico de entonces, un tipo inculto y biologicista que no me escuchaba más de cinco minutos seguidos por el montante de 90 euros, ya en aquellos momentos tenía la certeza de que pasados unos meses todos aquellos sueños, que vivía intensamente y en los que me había transformado en el mayor creador de la historia y en el mayor asesino también, no sería capaz de distinguirlos como tales en mi memoria. Así fue.

Lo que continúa es una vuelta de tuerca más a toda esta historia con universidades instalando circuitos en mi cerebro, cámaras de telecinco persiguiéndome, la policia vigilando mis pasos, vamos que si los medicos querían un poco de esquizofrenia tuvieron dos tazas.

Como ya sabeis esta historia ha tenido un buen final. Deje a los psiquiatras privados, deje el cannabis, me cambiaron de medicación encapsulé todo esto en una nube de duda y entré en Radio Nikosia donde conocí a Almudena y a mis compañeros.

A día de hoy, con mi segundo libro vendiéndose bastante bien, dadas las circunstancias, conviviendo con Almu en nuestro pisito, con una vida productiva e ilusionante no es que todo esto que os he contado me quite el sueño. Simplemente creo que si existe ese algo que llaman justicia universal a mi me debe al menos el derecho a poder contarlo. Así que ¿por qué no hacerlo en mi blog?


Un abrazo cibernikosianos.

miércoles, 25 de abril de 2012

Pesadilla antes del diván.

Freddy no era una criatura de este mundo. Él era el dueño de las pesadillas. En el mundo de los sueños, en ese terreno pantanoso donde nos movemos en ocasiones, a caballo entre la impotencia y el terror, Freddy manejaba los hilos de nuestro descanso.
Cuando le apetecía, era capaz de surgir entre las sombras que proyectaba nuestra in-conciencia y desgarrar la paz que debería reinar durante las horas de sueño, transformando, por ejemplo, un bucólico valle en un pasto de cenizas o la imagen de alguien que amamos en un rostro cadavérico y ensangrentado.
Pese a que él nunca había sentido nada parecido, se podía decir que dominaba con precisión relojera todos los registros del miedo, sabiendo dosificar las imágenes en nuestra mente dormida para provocarnos: ya una leve inquietud, ya un terror agitado, que nos hiciera despertar desencajados, presos del más puro pánico, en medio del silencioso y oscuro vacío de la noche.
Después de muchos siglos donde su reinado del terror nocturno no tuvo más trabas que su estado de ánimo, el ser humano consumió el siglo XX. Con el nuevo milenio Freddy se percató de que sus trucos no eran igual de efectivos. La gente, sin que él supiera porque, no se despertaba gritando, es más, seguía dormida, indiferente a sus artimañas. Freddy pensó que quizás estuviera perdiendo sus poderes y por primera vez en la historia de la humanidad sintió miedo. Se vio a si mismo como un ser caduco y viejo, alguien de otra época destinado únicamente a la desaparición.
Por suerte para esta historia, no se resignó a desaparecer. Redobló sus acometidas y sus horas de trabajo, dedicado como estaba a investigar porque de aquel súbito cambio. 


 
Sin éxito y desesperado pensó en visitar a un médico, a uno de esos especialistas de la mente, pues, a estas alturas, Freddy sufría muchos de los síntomas de una depresión mayor, es decir: frustración, apatía, desgana, anedonia, ataques de ansiedad y pánico, etc. Así las cosas, entró en el sueño de un viejo psicoanalista y se desahogó. El especialista, cómo no, le preguntó por su infancia, por sus traumas, por sus sueños. Pero las respuestas de Freddy eran imprecisas. Era tan difícil remontarse más de 3000 años atrás y extraer algo en claro, como bucear en el mundo de los sueños de un ser que manejaba los sueños de los demás. El psicoanalista le encomió a que lo visitara tres veces por semana con el fin de realizar una terapia de shock. Freddy se comprometió a hacerle caso.
A la mañana siguiente Max, que así se llamaba el psicoanalista, interpretó el sueño como un reto auto-curativo, por lo que si conseguía curar a Freddy, conseguiría curarse a sí mismo.
Durante los meses siguientes en los sueños de Max, Freddy fue desnudando lentamente su pena, sus dudas, su miedo, ante la paciente mirada del profesional.
Un día Max le dijo algo revelador, le contó que en la actualidad el estudio de la mente humana se había reducido a unos parámetros puramente biológicos, lo que había generado el descubrimiento de muchos tipos de fármacos que empujaban a un sueño que definió como hueco. Eran pastillas que garantizaban 8 horas de sueño reparador y, aquí residía la revelación, libre de sueños y por tanto de pesadillas. A Freddy esta información le impactó. La culpa no era suya, no estaba perdiendo su poder, el problema eran los fármacos. Max continuó explicándole los nefastos efectos secundarios que comportaban dichas medicaciones, y como, en muchos casos ,dificultaban el estudio de los problemas, pues no solucionaban nada, sólo escondían bajo la alfombra las verdaderas causas del sufrimiento humano, que residía en la sociedad y en la adaptación del hombre a un entorno cada vez más hostil.
Durante las siguientes noches Freddy estuvo planeando su regreso. Si la gente había dejado de soñar, tenía que ir a por las consciencias de aquellos que habían provocado su fracaso. Decidió introducirse en el cerebro de aquellos bioquímicos que estudiaban y se lucraban anulando los sueños de las personas. Era mucho trabajo, pero Roma no se hizo en dos días. Fue de mente en mente, de habitación en habitación, haciendo tragar a los presuntos científicos su propia medicina, obligándoles a contemplar en el espejo la degradación, la desestructuración física y mental que los fármacos les producían. Freddy comprobó triunfal como el miedo atenazaba a aquellos dogmáticos que habían defendido hasta la extenuación la bioquímica cerebral. Algunos tan engañados por su prepotencia empezaron a medicarse, convencidos como estaban de que todo era un problema cerebral, y era entonces cuando la degradación se vivía con más fuerza, pues no desaparecía con el alba.
Desgraciadamente para Freddy el uso de psico-fármacos se continuó extendiendo. Las empresas sustituyeron a unos bioquímicos por otros, y a éstos últimos, cuando caían en la red de las pesadillas, por otros más nuevos.
Una noche Freddy volvió a visitar la casa de Max, le dijo: “¿sabes Max? Durante siglos, durante milenios, me había gustado mi trabajo, pero hoy en día no le encuentro sentido. Mi trabajo era dar un contrapunto de temor a la despreocupada vida humana, hacerles saber que no son dioses, que todo tiene un fin. El miedo que les provocaba les hacía sentir vulnerables y no hay nada más real en la vida que la finitud, ese límite, que os exhorta a disfrutar del presente, a vivir con más intensidad el tiempo que os ha tocado vivir, que os impulsa a crear soluciones a vuestros problemas en pro de que vuestras obras os perduren, sabiendo, como sabéis, que vosotros no vais a hacerlo. Un hombre, una mujer, no son nada más que la potencialidad de sus ilusiones, más que la posibilidad de hacer realidad sus sueños. Hoy en día la gente ha dejado de soñar. Hasta que el ser humano no abra los ojos y consiga enfrentarse a sus miedos más profundos, será mejor que me tome unas vacaciones. En el fondo, después de más de 3000 años de duro trabajo nocturno, creo que me las he ganado. ¿no crees Max?¿Max?
Pero Max no le respondió. De el paciente psicoanalista sólo quedaba una urna llena de cenizas.