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lunes, 22 de julio de 2013

TEXTO DE APOYO A SALTANDO MUROS

La historia de Saltando muros se me antoja similar a la de la ciencia psi. Aparece como respuesta a una necesidad humana de generar un espacio de comunicación y consuelo a aquellas historias silenciadas por una biografia sacudida por el dolor, por un entorno bienintencionadamente castrador y por un marco institucional dogmático que obvia constantemente la palabra como herramienta principal de comunicación y de sustento.

Desgraciadamente el problema con el que se topa una y otra vez no tiene que ver ni con la tecnología, ni con la técnica, ni con la práctica clínica; tampoco tiene que ver con el trato con los usuarios, ni con los resultados beneficiosos que se obtiene a partir del cultivo de la palabra y la re-historización que conlleva la construcción de narrativas terapeúticas a cerca del propio sufrimiento en primera persona.

Se topa en mi opinión con el deseo de modificar una realidad palmariamente enquilosada en preceptos y lógicas -como lo son las manicomiales- provadamente perversas y cerriles y con una ideología deshumanizante, endogámica y ególatra, demasiado común en un mundo psi tan carente de autocrítica y reflexión horizontal. Un mundo psi instalado en el dogma y en una certeza delirante en tanto que niega al otro e impone un tipo de discurso arbitrario y reduccionista.
Del mismo modo que la ciencia psi tuvo que luchar por desinstalar del dogma y de la certeza a una sociedad oscurantista debota de dios y de María, para aportar una nueva mirada más rigurosa sobre los problemas humanos, hoy es desde el humanismo, desde la flexibilidad, desde la escucha y el acompañamiento, desde la empatía y la comprensión, desde el cuestionamiento y la autocrítica desde donde se puede ayudar a desinstalar a una ciencia que se ha convertido en la nueva religión, para acercarla así de nuevo al ser humano y a sus angustias y sus heridas.

Por todo ello un espacio así no puede desaparecer, ni ser fagotizado por el poder institucional. Porque sólo desde la libertad de acción se puede ser responsable de lo que haces, para bien o para mal. En un país como el nuestro donde la irresponsabilidad en todos los estamentos de poder es el pan nuestro de cada día, el ejercicio que se pretende desde Saltando muros es tan o más saludable, tan o más tereútico, que la más contrastada terapia. Porque sólo desde la palabra libre y responsable se puede generar un vínculo entre profesional y paciente.

1 comentario:

ancr dijo...

Es que el loco no es tonto, y sabe escuchar. Le conviene. El loco no rechaza sin más lo que le conviene. La medicación, tema que siempre está en el centro, puede ser áspera, pero salvo los que se defienden cerrilmente, porque se ve a leguas que se defienden, todos sabemos que individualmente nos rescató, nos sosegó y nos permitió pensar adecuadamente. Por que delirar y todos los afectos extremos que propicia la locura, son un ejercicio radical, absurdo, y encima solitario. Así, prefiero ser discreto, la locura siempre va a ser desmontable, un error. Y me gusta saber que los demás saben que lo sé. Pero hay que poder contarla, evaluarla, otros dicen que tomar conciencia, sin chantajes, en la intimidad. Dices bien, las lógicas manicomiales nos convierten a todos, locos y loqueros, en perversos. No se puede hablar de esto rondando la coacción. Esa necesidad, debe ser siempre una excepción, no extrapolable (menos a internet) y claramente limitada en el tiempo.