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lunes, 17 de agosto de 2015

Puré de calabaza

Ella masticaba con parsimonia un puré de algo naranja. Levantó la mirada y allí estaba él. Era tan joven, tan guapo; su cara le resultaba familiar, pero no se acordaba de qué. Daba igual. Su rostro, su mirada pacífica le confortaba. Sonrió. Hola, ¿qué tal, yaya? Aquí, mirando para atrás, porque si miro hacia delante nada tiene sentido. Él no supo que contestar. Le dio un beso. Ella sonrió al sentir sus labios en su piel arrugada. Tragó la cucharada de puré y cuando levantó la mirada su nieto había desaparecido. Sólo le quedaba el sabor dulce y grumoso de aquella verdura cuyo nombre no conseguía recordar.