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jueves, 19 de septiembre de 2013

Poema de amor.



Cuando la conocí
la noche parecía un carrusel
de miradas furtivas,
un escaparate de interrogantes
a resolver al amanecer...
Con ese tira y afloja, ese toma y daca,
de palabras que invitan a explorar,
el deseo venció al miedo
azuzando las bocas y los versos
a buscarse a tientas
entre remolinos de sabanas y besos
que morderían las horas
sedientas de anatomía.

Era mía entonces y no era mía,
como el sol de mediodía
es de todos y de nadie a su vez.
Y así, fascinado, mientras descubría
su mirada atlántica y
su sonrisa sincera, y su alma acuática,
y sus manos obreras, o como
tras su nombre estelar y su presencia tranquila
se escondía el trasfondo de una niña
con ganas de jugar,
me desprendía sin querer evitarlo
de los trajes y los retratos,
de las esquinas, de los estantes vacíos,
de los rostros grises
de un gris pasado...

Porque mientras la sentía
tan cercana y real
su cuerpo y su alma se revelaban ante mi
como la respuesta silenciosa a ese grito
que exclamé desde mi soledad.

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