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viernes, 2 de septiembre de 2011

¿ES POSIBLE DESTERRAR LA VIOLENCIA DEL MUNDO?


Aviso para navegantes esta entrada es muy larga. Aviso más que nada por si alguien quiere rebotar... que no se diga que no cuento con aquellos lectores perezosos.

¿Qué tendrán los crímenes que ponen tan cachondos a algunos profesionales de salud mental? Desde tiempos inmemoriales a ese tipo de profesionales incapaces de ver personas (con vidas, es decir biografías concretas en espacios socio-culturales atravesados por diversas ideologías y sus respectivas barbaridades) sino cerebros defectuosos les resulta una incógnita de lo más atractiva pensar en la posibilidad de hallar en un laboratorio lo que se llamaría la neurona del mal. Confieso que esta expresión la he robado de un capítulo de la serie El mentalista, la cual las pocas veces que la he visto me ha acompañado hasta la hora de dormir con una sonrisa como la de su protagonista: sagaz, simpática, intuitiva, etcétera. En fin este no es un post sobre series de televisión, es sabido que la realidad supera a la ficción. Para muestras dos botones: uno de La vanguardia y otro del diario ABC. Clicken, clicken; clicken y lean, aunque ya aviso que por mi parte he necesito plimparme dos botellas de Primperan para evitar estucar el monitor con los restos no digeridos de la pizza de la cena.

No se ustedes señoras y señoras, pero el contenido de ambos artículos me parece tan absurdo como terrorífico. Así que como buen nikosiano y exhortado indirectamente por el gran “Marfi” (amigo de la casa y gran profesional) voy a intentar desmontar algunas de las cosas que en ellos se afirman y ya de paso apuntar hacia donde creo que van los tiros de estos cowboys de bata blanca, de los que se dice que son de los más rápidos recetando antipsicóticos a este lado del salvaje Ebro.

Empiezo por el artículo del ABC. Bien “Científicos descifran cómo funciona el cerebro de un psicópata” el periodista se ha quedado a gusto. Me imagino que una vez puesto este titular se ha recostado sobre la silla y ha pensado “joder, que bueno soy, ¡coño! Fijo que después de esto la peña se lee el artículo entero, que últimamente me tocan unos temas que no importan a casi nadie y así no se puede medrar joder. Como vuelvan a subir los tipos de interés y pierda este trabajo ya me veo de redactor de La farola...”; personalmente no me extrañaría nada que la gente dejara de leerse el artículo antes de acabar el primer párrafo donde se descubre el pastel de bárbaro sensacionalismo barato: “Investigadores de la Universidad de Vanderbilt (¿esto no era una marca de colonia?) en Nashville (Tennessee, EE.UU.) apuntan una nueva clave poco estudiada hasta el momento...” ¿Qué? ¿Cómo que apuntan? ¿Apuntan o disparan? ¿Le dan? ¿Donde le dan? “La válvula que abre esta energía obcecada es un «chorro» enorme de los centros de dopamina en el cerebro, un neurotransmisor relacionado con la satisfacción y la felicidad.” ¿La dopamina? ¿Un chorro de dopamina? ¿Y ésta está relacionada con la satisfacción y la felicidad? ¿Quiere decir esto que llevo años tomando pastillas antidopaminérgicas que me alejan de mi felicidad? Pues hay que ser un rato cabrón para privar a tanta gente de su felicidad porque hoy en día la dopamina se ha convertido en el comodín psiquiátrico por excelencia ya que es la llave que explica todos o casi todos los trastornos mentales. O dicho con otras palabras, si la dopamina tiene relación con la felicidad... ¿quiere decir esto que aquella persona que para ser feliz en una sociedad tan alienante y agresiva como la nuestra se niega a pasar por el aro merece ser infeliz como castigo por su desobediencia...? Como diría Joaquín Reyes ¿De qué mierda estamos hablando?

Sigamos pa'lante porque la cosa se vuelve cada vez más retorcida. “Según apunta, este sistema puede ser el impulsor de algunos de los comportamientos más problemáticos relacionados con la psicopatía, como la delincuencia violenta, la reincidencia y el abuso de sustancias” Ya está, no he acabado de leer el segundo párrafo y la incerteza de la teoría sale a la luz de forma transparente en contraposición con el titular. Pero lo divertido está aún por llegar: “La nueva investigación, sin embargo, examina lo que tienen en abundancia: la impulsividad, la atracción hacia las recompensas y la asunción de riesgos, rasgos que, al parecer, revelan con más facilidad una futura conducta criminal que los primeros.” Esto justo al lado de un anuncio con la foto de Vettel y Webber los dos pílotos de red bull que hacen las delicias del campeonato de F-1 (y ya de paso desquiciando a todos los alonsistas) y a los cuales diría que no les falta impulsividad, atracción hacia las recompensas y suficiente asunción de riesgos como para llegar a ser campeones. Curioso ¿No os parece? Bueno dejo el artículo del ABC, porque después de leer el sistema utilizado en el experimento me pregunto cuántos españoles se centrarían en hacer bien el ejercicio para conseguir el dinero prometido -pase lo que pase- con la que está cayendo en los últimos años, y me pongo con el de La vanguardia que me parece del todo demencial.

La literatura científica es sólida al respecto: padecer un trastorno psiquiátrico grave aumenta el riesgo de llevar a cabo crímenes violentos entre 2 y 13 veces” Esto es luchar contra el estigma y lo demás son tonterías. Así se hace, plas, plas, plas, plas. Si lo que querían era destrozar décadas de concienciación social para que la peña deje de pensar que los locos somos peligrosos lo han hecho que ni Vettel el domingo pasado. Lo que me choca es que esa literatura tan sólida contradiga a la literatura y documentación de la Organización Mundial de la Salud cuando afirma que sólo el 3%, es decir 3 de cada 100 -que impacta más- de los delitos cometidos en Europa son cometidos por personas con un trastorno mental. Os pongo un ejemplo más gráfico según el sindicato de prisiones Acaip: mientras que hay más de 70 prisiones para presos comunes -de las cuales casi su totalidad exceden su aforo permitido (sin multa de sanidad, ni mucho menos de Interior) sólo hay dos hospitales psiquiatricos penitenciarios en todo el territorio español (Sevilla y Alicante) los cuales hay que decir que están en condiciones del todo precarias, sobre todo el de Fontcalent en Alicante. Bien prosigo con vuestro permiso...

Ni los aspectos socioeconómicos ni culturales añaden una mayor probabilidad de peligrosidad.” No me explico, de verdad que lo intento, pero no lo consigo, como al final a pesar de las verdades y conocimientos de estos insignes y seguro que adinerados profesionales la mayoría de delitos y crímenes siguen ocurriendo en zonas azotadas por la pobreza, por la precariedad, por el desamparo institucional y estas cosas... Como me dijo un amigo mosso de esquadra una vez: “hay barrios a los que vamos pero en los que es mejor no hacer nada... Si se matan entre ellos al menos no nos matarán a ninguno de nosotros...” Esto lógicamente sólo se puede decir desde una posición de poder, más que desde una posición de servicio a la comunidad. Mi amigo -que lo sigue siendo porque a pesar de todo es un buen tipo- también sabe que muchas veces en esos crímenes se mata a personas que en el peor de los casos el único delito que cometieron fue pasar por ahí en el momento equivocado. Así que allá él y su conciencia. Personalmente opino que en ningún caso se debe dejar continuar una pelea a muerte, ni de personas, ni de gallos, ni de perros, ni de nada ¡joder!

Es curioso como casi a 10000 km de distancia y casi con falso pudor dicen que no quieren jugar a diagnosticar al asesino de Oslo , aunque lo hacen -especulando claro- lo único que indica que si fuera por ellos aprenderían noruego sólo por el morbo de poder diagnosticar a un hijo de puta semejante y poder hacer de “científicos”. La violencia existe desde siempre; violencia para sobrevivir, violencia para controlar el poder, violencia para sublevarse contra la dominación, violencia física y psíquica.

La guerra, que es un producto de la violencia y el deseo de poder, está generada por las pulsiones agresivas de la psicología humana. Ya en julio de 1932, cuando Albert Einstein le preguntó a Sigmund Freud: ¿Qué podría hacerse para evitar a los hombres el desastre de la guerra? El padre del psicoanálisis, en una carta fechada en septiembre de 1932, le respondió: "Usted expresa su asombro por el hecho de que sea tan fácil entusiasmar a los hombres para la guerra, y sospecha que algo, un instinto del odio y de la destrucción, obra en ellos facilitando ese enardecimiento. Una vez más, no puedo sino compartir sin restricciones su opinión. Nosotros creemos en la existencia de semejante instinto, y precisamente durante los últimos años hemos tratado de estudiar sus manifestaciones. Permítame usted que exponga por ello una parte de la teoría de los instintos a la que hemos llegado en el psicoanálisis después de muchos tanteos y vacilaciones. Nosotros aceptamos que los instintos de los hombres no pertenecen más que a dos categorías: o bien son aquellos que tienden a conservar y a unir, o bien son los instintos que tienden a destruir y a matar: los comprendemos en los términos ‘pulsiones de agresión o de destrucción’. Como usted advierte, no se trata más que de una transfiguración teórica de la antítesis entre el amor y el odio, universalmente conocida y quizá relacionada primordialmente con aquella otra, entre atracción y repulsión, que desempeña un papel tan importante en el terreno de su ciencia (...) Con todo, quisiera detenerme un instante más en nuestro instinto de destrucción, cuya popularidad de ningún modo corre pareja con su importancia. Sucede que mediante cierto despliegue de especulación, hemos llegado a concebir que este instinto obra en todo ser viviente, ocasionando la tendencia de llevarlo a su desintegración, de reducir la vida al estado de la materia inanimada. Merece, pues, en todo sentido la designación de instinto de muerte, mientras que los instintos eróticos representan las tendencias hacia la vida. El instinto de muerte se torna instinto de destrucción cuando, con la ayuda de órganos especiales, es dirigido hacia fuera, hacia los objetos. (...) De lo que antecede derivamos para nuestros fines inmediatos la conclusión de que serán inútiles los propósitos para eliminar las tendencias agresivas del hombre. (…) Por otra parte, como usted mismo advierte, no se trata de eliminar del todo las tendencias agresivas, humanas, se puede intentar desviarlas, al punto que no necesiten buscar su expresión en la violencia (...) Pero con toda probabilidad esto es una esperanza utópica. Los restantes caminos para evitar indirectamente la guerra son por cierto más accesibles, pero en cambio no prometen un resultado inmediato que uno se moriría de hambre antes de tener harina" (Freud, S., 1972, pp. 3.210-14).

La idea de que personas como Breivik padecen un trastorno psiquiátrico resulta incómoda. (…) La vecina de enfrente, gran cocinera y jugadora de bridge, que sufre crisis de pánico. El socio del Barça, excelente padre y coleccionista de cómics de los 70 que toma litio diariamente para evitar un nuevo episodio de su trastorno bipolar. Winston Churchill (se suicidó). Virginia Woolf (se suicidó). El Nobel John Forbes Nash (dejó la medicación). Guillermo Cabrera Infante. Padecieron o padecen una enfermedad y la tratan, eso es todo.” Las cursivas son cosa mía. Bien señores doctores... Entre ustedes y Freud me quedo con este último, pero seguiré leyendo a ver si averiguo que quieren decir ustedes con tratamiento. Ah, que no hablan de que tipo de tratamiento es el adecuado, así que me imagino que lo de siempre neurolepticos: no por nada la Quetiapina es la droga más buscada en las cárceles estadounidenses, donde se la conoce como “New morphine”. No son pocos los farmacéuticos asesinados por ex-convictos que buscan una dosis.

Todas esas incomodidades no deberían impedir desarrollar políticas de prevención basadas en las auténticas variables de riesgo. Sólo en la medida que en los próximos años dejemos de darle la espalda a las enfermedades psiquiátricas, que afectarán a un número creciente de personas, y que podamos conocer con exactitud qué patologías hacen más probable la violencia y en qué circunstancias, favorecer su detección precoz, tratamiento y desestigmatización y limitar el acceso a armas de fuego y explosivos o el consumo de drogas y alcohol, podremos elaborar planes de prevención eficaces y aspirar a tener una sociedad menos peligrosa.

Mientras tanto, ni la atención de la prensa a las aficiones y accidentes biográficos del agresor, “caldo de cultivo” de opiniones sesgadas hacia los factores socioculturales, ni las consideraciones ideológicas y políticas promoviendo encuentros internacionales para discutir sobre xenofobia, permitirán trazar planes plenamente efectivos de prevención. Tratar de suavizar las aristas ideológicas de la sociedad contribuirá al control de las conductas dañinas, a la conciencia de grupo y hasta a una deseable conciencia de especie, pero no incidirá en el núcleo de la cuestión: el cerebro malfuncionante del homicida en masa.”

Aterrado me he quedado, oigan. Aterradísimo. Así que en busca de ese cerebro malfuncionante que puede tener un trastorno o varios la solución es tratar a los sujetos preventivamente, que por cierto es muy probable que ya hayan sido tratados preventivamente de una posible psicosis potencial, aunque no hayan hecho nada, ni hayan tenido ningún síntoma... Pues nada, dicho esto ni Minority report, ni S.O.M.A, ni leches fritas y migas con sopas, todo el mundo medicado y se acaba antes. Porque si ni las aficiones, ni la biografía, ni los factores socioculturales, ni la ideología importan, sólo nos queda ser borregos y dejarnos guiar por la química y sus efluvios soporíferos. Ya habrá alguien que saque tajada de todo esto.

Me parece de una somera ignorancia sobre el ser humano en toda su globalidad reducir a meras reacciones eléctricas o bioquímicas la vida de una persona, lo he dicho muchas veces, y más si esta ignorancia la defienden aquellos que por el significado etimológico de aquello a lo que se dedican y que han estudiado (psiquiatría= trato de la psique [alma]) deberían mirar, ante la imposibilidad de conocer, e intentar comprender a las personas como sujetos libres, con voluntad, con pulsiones, instintos, sentimientos, ideas, en entornos determinados, en momentos históricos determinados. Con la excusa de conseguir una sociedad menos peligrosa (que no exenta de violenta por si no han pillado antes el matiz) mejor prevenir y tratar, que solucionar los problemas reales de la gente y reconocer que existe aquello que si que resulta del todo incómodo para mucho científicos como es hablar de moral o de ética y de la falta de éstas, o dicho de otro modo del bien y del mal. Simplemente porque es inevitable como ya decía Freud y muchos antes que él. Así que no me toquen las bolas, en serio. Les sugiero dr. Vieta y dr. Colom que hagan directamente un alegato a favor del tratamiento ambulatorio involuntario y se dejen de pretextos y máscaras de carnaval. Sospecho que es lo que realmente desean y me parecería legítimo que lo hicieran sin tapujos, sin recurrir al sensacionalismo, a la demagogia y lo que es peor a la falacia directa e interesada. Seguiría estando en contra del T.A.I., pero al menos me parecerían unos someros ignorantes aunque honestos.

Así que me despido de ustedes deseándoles que algún día un paciente les haga probar su propia medicina. Se lo habrán merecido.


7 comentarios:

pere dijo...

'la estupidez humana no tiene límites' (Einstein dixit).
Es decir, ante cualquier problema nuestra capacidad de encontrar culpables es infinita; a condición de que no tengamos que hacer nada por nosotros mismos, encontramos 'locos', 'neuronas defectuosas' o lo que sea.
Y si es por una buena causa estamos dispuestos a 'freir' a quien haga falta, vease el experimento de Milgram o visionese un telediario.

"La historia humana es cada vez más una carrera entre la educación y la catástrofe" (H.G.Wells)

etiquetada dijo...

AY!! Criminalización preventiva.



A lo largo de la Historia de la Humanidad, ningún psiquiatra ha dado con ninguna fórmula para prevenir el comportamiento de nadie. Y es que el comportamiento, en tanto que elección influenciada por miles de factores, la mayoría de ellos nada biológicos, es tan complejo como cada uno de nosotros.

La impresión no me deja escribir nada más.
Un abrazo!!

Raúl y Almu dijo...

Totalmente de acuerdo con vosotros!!!

Abrazos sabáticos!!!

etiquetada dijo...

Hola, reflexionando un poco más, a fin de evitarnos más paranoias, resulta que de vez en cuando la "ciencia" del comportamiento arremete con amenazas de descubrimientos definitivos, luego se pasa, cuando se pasa la actualidad del suceso macabro de turno, y al final no pasa nada.
Así que nosotros a lo nuestro.
Un abrazo!

juan dijo...

“La literatura científica es sólida al respecto: padecer un trastorno psiquiátrico grave aumenta el riesgo de llevar a cabo crímenes violentos entre 2 y 13 veces”
"Sólo en la medida que en los próximos años dejemos de darle la espalda a las enfermedades psiquiátricas, que afectarán a un número creciente de personas, y que podamos conocer con exactitud qué patologías hacen más probable la violencia y en qué circunstancias, favorecer su detección precoz, tratamiento"
Tienes toda la razon etiquetada. Pero el poder de estos MENTIROSOS es tan grande como su impunidad. Como se puede leer, al principio su verdad esta avalada por una literatura cientifica, que al final aun deben conocer. La Psiquiatria es una ciencia que postula unas hipotesis irrefutables, al no existir evidencia empirica tampoco se puede demostrar su falsedad. ¿Una Ciencia por cojones? ¿ciencia ficcion?...pero ejercen como tal,

Raúl y Almu dijo...

Joan, Che, ¡¡¡¡Que bueno que viniste!!!!! Besiabrazos Moby!!!

pere dijo...

Link a un artículo titulado "Mentiras, mentiras podridas, y ciencia médica"
http://www.theatlantic.com/magazine/archive/2010/11/lies-damned-lies-and-medical-science/8269/

El tal John Ioannidis se ha hinchado a realizar metaestudios y llega a la conclusión de que, en las publicaciones de investigación médica, la mentira es la norma, no la excepción. Además, tal como lo explica resulta difícil cargárselo.

No solo se falsean resultados por el viejo truco de seleccionar los estudios favorables y descartar el resto; Muchas veces, nos cuenta, las variables que se investigan no son las verdaderamente relevantes (un estudio concluye que el XX por ciento de los testeados 'afirmaron sentirse mejor', olvidadndo que un YY por ciento no afirmaron nada: se habían muerto) por lo que la mentira no está en el dato sino en el planteamiento del estudio.

En fín, que nos ha tocado un mundo en el que es difícil aburrirse y donde
"más vale encender una sola vela que maldecir la oscuridad"
abrazos,