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martes, 10 de febrero de 2009

¿Vienes conmigo?




Cuando la lágrima ahogada en vapores de hielo riega los campos áridos de la duda exponencial, cuando crece el miedo y arrecia la nieve, y las sombras inexistentes se mofan burlonas apagando el brillo de la vela. Cuando se tuercen las líneas en arabescos infinitos, cuando vuelan las ideas a una altura inalcanzable y el absurdo de ser sin ser empantana los caminos y nubla la mirada, que busca en la oscuridad de mi interior una hilo de luz, una esperanza que refuerce los pasos inseguros, una energía que no brota, que se atora en las presas, paradójicamente arrogantes, de la insignificancia. Suelta lastre, dejate llevar en vuelo inanimado, cálzate las botas y haz camino entre las nubes, inúndate de su blancura y tíñelas con el azul del cielo, con el verde de los montes que aspiran senderos y suspiran los ecos de viejas historias. Sé muy bien que no es fácil. Sé muy bien que puedes caer desde lo alto cargado con el peso de tus frustraciones. Encontrar las palabras adecuadas es una tarea que exige dedicación y libertad, valor y humildad, paciencia y fe en uno mismo. Planear sobre las corrientes que rigen los espacios abismales de la blancura de tu existencia, excavando en el aire los escalones que conduzcan hasta la azotea del edificio que se erige sobre un mar de caminos, allí donde nadan las palabras. Supongo que de eso se trata.

Cada nombre, verbo, adjetivo, son granos de arena en una playa que se extiende en tus soledades. Soledades que tiritan de puro miedo en la celda fría donde se ubica el umbral de la comunicación. Comunicación climática, predecible hasta cierto punto, con un reducto de indeterminación que la hace fabulosa o desesperante para el interlocutor. Interlocutor generoso que tiende su mano para sacar de la sucia ciénaga e intentar culminar con su atención lo inacabado. !Ay! Lo inacabado... Imposible luchar contra ello en una vida con tantos giros inesperados. Uno solo, en sí mismo, no es nada más que una pequeña, caduca y limitada galaxia dentro de un universo inabarcable. Todo hombre, toda obra del hombre está inacabada. Ahí precisamente reside el mayor de sus misterios y la mayor de sus bellezas. Nadie inteligente se siente colmado, siempre se quiere más. Nos pasamos la vida luchando contra todo y contra todos, incluidos nosotros mismos, hasta que es demasiado tarde.

Pactemos una paz definitiva entre tu silencio cerrado a mi discurso y mi discurso abierto a las mareas. Pactemos un cese absoluto de toda actividad hostil. Quiero quebrar toda mordaza y renacer de mis cenizas. Deseo salir a la calle y ser, siendo lo que soy, o seré, para ser, realmente ser, sin maquillajes ni subterfugios, sin mascaras que camuflen ni el dolor ni la alegría, sin delirantes imágenes que distorsionen mi realidad. No tengo más que unas pocas certezas sobre mi pasado. Sé por ejemplo que siempre, o casi siempre has estado a mi lado, en mi pensamiento, como hoy. Ahora te llamo. ¿vienes conmigo?

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno quien ha escrito esto, Raúl?
Almudena?, como estais?, hacer mucho que no escribis, os sigo, ya sabeis, me gusta vuestro estilo, os admiro.
Fuerza
Luz

Small Blue Thing dijo...

¡Peazo prosa poética!

¿Sabéis que hay un concurso aquí, en Madriz, organizado por los Quijanos, no?

http://www.a-alonsoquijano.org/certamen2009_bases.htm

Almudena y Raúl dijo...

Hola Luz, hola Pitu. Soy Raulico. Amos a ver. Soy el autor de la cosa esta y me alegro de que os haya gustado. Estamos bien Luz aunque podríamos estar mejor la verdad. Sobretodo yo que ando un poco chof. Pero sobreviviendo. I will survive jejejejeje. Pitu si sé lo del concurso Quijano. J. C. Casal me envío la info. Pero me da palo no sé no tengo la autoestima demasiado alta. YA veremos lo que decido cuando reflote. Besazo grande a las dos. Ciao.