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lunes, 30 de enero de 2012

ANATOMÍA DE UN ESPEJO ROTO

ANATOMÍA DE UN ESPEJO ROTO

 
 
 
Te miro
/////////////// y no te veo.
Tan sólo te intuyo
en el interior del laberinto;
preso el tiempo
/////////////// tu cuerpo enmarca
grietas afiladas de azul.

Son tus fragmentos morada de:
juguetes rotos, miradas de gato,
burbujas volando hacia un sol misterioso,
palabras como torres, castillos
de libros y arena... Entre risas,
sollozos y nuevamente risas, luciérnagas
y nubes, fuentes y abismos, heridas y
flores, escaleras y precipicios...

Así te miro y te comprendo
/////////////// fuera del laberinto,
mirando tu reflejo sin saber
si aquel que te mira cruzó
alguna vez///////////// al otro lado.

viernes, 27 de enero de 2012

"ELLA"

Ayer representamos , por tercera vez, la obra "Ella". Fue un éxito de asistencia y con un público entregadísimo que aplaudía a cada escena.

A ver, yo paso unos nervios tremendos, que no me dejan acabar de disfrutar mi trabajo, pero lo paso también muy bien al ver que la gente que viene a vernos lo pasa bien y también espero que reflexionen un poco sobre salud mental.

Merece la pena pasar esos nervios, luego el subidón es tremendo.Me encanta hacer feliz a los demás y durante el rato que dura la obra, la gente lo pasa bien: se emociona, se rís, se sorprende...es la magia del teatro!!

Cada día tengo más claro que he encontrado algo que hacer que me llena y , aunque a veces es duro, siempre me recompensa.

Gracias Pallapupas, ASntonio Masegosa, por decidir , hace un año y poco, tirar pa´lante con este proyecto. Gracias Nikosia por ponerme en buen camino, como siempre.

Os seguiré contando mis experiencias teatrales y , si me permitis abusar un poco de vuestra confianza, si sabeis de sitios donde podamos actuar hacérmelo saber por favor, estamos en plena campaña de difusión de la obra. GRACIAS!!

Un abrazo, salud y FUERZA!!

ALMU.

PREPAREN LOS PAÑUELOS...



Para mi sin duda una de las mejores historias de amor jamas filmadas. 
Si como yo no habéis podido evitar que se os caiga una lagrimita, 
entenderéis a que me refiero.

Os deseo mucho amor en vuestra vida.

sábado, 21 de enero de 2012

MARILYN MONROE.

Por mi parte prefiero pasar la eternidad con Marilyn Monroe que con San Ignacio de Loyola. Con esta grouchesca sentencia mi padre había zanjado una acalorada discusión de sobremesa con su hermano. El tema era de rabiosa actualidad. La visita del Papa a España con motivo de las jornadas mundiales de la juventud. Durante el debate ambos hermanos no se habían ahorrado ninguno de los argumentos que se llevan discutiendo en los medios de comunicación desde que trascendieron las cifras de la visita papal. La misa más cara de la historia de España decían algunos, un absoluto despropósito dada la precaria situación de tantísimas familias que no llegaban a fin de mes, y un absoluto ejercicio de cruel y despiadada hipocresía si se compara con la catastrófica situación de hambruna que están viviendo tantas personas en el cuerno de África. Los argumentos de mi tío, al cual a pesar de su ideología aprecio más que a otras personas de mi familia, se reducían a intentar demostrar la vigencia y necesidad de la fe en una sociedad como la actual tan carente de valores. Entre copas de Soberano y puros la conversación pasó de una gradual y educada propuesta y confrontación de argumentos a un ataque personal y despiadado por ambas partes. Una lucha entre titanes de estar por casa. Por un lado un pequeño y desgarbado diablo como mi padre y por el otro un angelote orondo como mi tío. Cuando éste último profetizó el sufrimiento que indudablemente sufriría su hermano en el infierno, mi padre dio la estocada final. Quién en su sano juicio no preferiría pasar la eternidad con mujeres como la gran Marilyn en vez de pasarla entre santos y querubines. Mi tío se levantó airado de la mesa y se acabó el puro en el balcón mientras mi padre se servía otra copa de brandy sonriendo traviesamente por su victoria.

Las discusiones entre hermanos eran casi un ritual, como si perpetuaran de esta forma las peleas que tuvieran de niños, preocupados aún por competir para ver quien era más fuerte. En un cuerpo a cuerpo con ambos sobrios mi padre solía callar y asentir ante las diatribas de mi tío, pero cuando ambos se tomaban un par de copas mi padre jugaba en casa; no sólo porque literalmente aprovechara las comidas familiares que organizaba en nuestra casa, sino porque siendo como era hombre de bar, estaba más que acostumbrado a lidiar con borrachos y su higado parecía filtrar todo el alcohol que le echara. 

Yo estaba convencido que mi tío era de esas personas buenas que eligen el camino que les parece menos malo. De alguna forma, el trabajo que realizaba en los arrabales era más parecido al de un maestro que al de un sacerdote. Entre basuras, jeringuillas, chabolas, precariedad y delincuencia ayudaba como podía a aquellos que se acercaban a él. En su parroquia, había instalado una pequeña biblioteca, tenía banco de alimentos, hacia de psicólogo escuchando con paciencia y aconsejando sin malicia durante el sacramento de la confesión. Nunca había visitado el Vaticano o al menos nunca había hablado de ello conmigo y eso que curioso como soy le había preguntado en alguna ocasión. Para él era la forma que había encontrado de hacer algo por los demás, ya que en esa forma de hacer encontraba -según sus propias palabras- sentido para seguir viviendo. Es por esto que siempre he pensado que algo terrible le debió pasar durante su juventud para hallarse tan solo y desesperado, tan sin rumbo como para aferrarse a algo tan represivo y tan injusto como los votos sacerdotales.

En cambio mi padre leyendo muchos menos libros había conseguido tirar p'alante nuestra familia. Su dios era mujer, mi madre más concretamente, a la cual nunca le vi levantar la voz. La respetaba y la adoraba como a un pequeño ídolo cuyo altar era el mundo entero, o al menos el micromundo donde todos construimos nuestras vidas, creando vínculos con calles y personas, con espacios y sus muebles. Se ayudaban y se sostenían con dulzura y cariño desde hacía más de veinte años. También eran queridos por mucha gente en el barrio. Eran como se dice aquí buena gente.  

Pasados unos minutos, como mi tío no entraba a pesar del frío, salí para hablar con él. Estaba apoyado en la baranda, con el gesto medio desencajado y el puro en la mano temblorosa. No debió oír como salía porque dio un salto cuando le puse la mano en el hombro. Al ver que era yo se le relajó el rostro y la mirada. Le sonreí. Me sonrió. Me apoyé a su lado en la barandilla y esperé que dijera algo. Él callaba. Finalmente rompí aquel silencio con aroma a Soberano y Faria.

-Tío, no es para tanto. Hay que tener mucho coraje para vivir la vida que tu has escogido.

-No hay que tener coraje, ¡hay que ser un cobarde! -Me dijo para mi sorpresa.- Hoy en día lo que yo hago lo podría hacer desde otro lugar, con otra profesión, con otros valores. Tu padre tiene razón, la Iglesia agoniza de tanto exceso y fastuosidad. Casi nadie cree en nuestra palabra, porque parece haberse olvidado el voto de pobreza, que la verdadera riqueza de un hombre está en su espíritu, y que sin caridad y fraternidad no hay esperanza para nosotros, ni fe que valga la pena.

Mi tío con sus palabras me había dejado helado. Nunca le había escuchado hablar así. Al parecer la derrota infligida era mayor de lo que suponía. Ambos quedamos en silencio durante un minuto en el que algo se desmoronaba en mi interior. Quizás la imagen que siempre había tenido de mi tío como persona íntegra y buena, se estaba desquebrajando en un arrebato de sincera tribulación. Esperé unos segundos antes de volver a hacer una pregunta, sopesando con calma la necesidad de ésta, paladeando su agrío sabor, su regusto a un pasado secreto que yo ignoraba y que quizás no descubriría nunca.

-¿Por qué dices que hay que ser cobarde? ¿Acaso huyes de algo? -Le pregunté finalmente.

-Todos huimos. La vida es una huida constante y sin retorno. Un camino que se emprende por obligación y en el que tenemos que andar con mucho cuidado para no caer ante los golpes de la vida. Pero todos caemos. Inevitablemente, de una forma u otra caemos, porque la vida pega duro. Y levantarse es una obligación. Todos tomamos en algún momento decisiones desesperadas, nos escondemos en la oscuridad a la espera de esa luz que nos ilumine y nos guíe, nos acoja en su seno y de algún sentido al sinsentido que resulta vivir.

-¿Estás hablando de Dios?

-Estoy hablando de la necesidad humana de pertenecer a un grupo, del sentimiento de arraigo que sostiene nuestras pobres vidas, de identificarse con una idea y un rol que nos aporte estabilidad. Todas las ideas que pasan por nuestra cabeza tienden a moldear nuestra identidad, nuestra máscara, esa que todos llevamos -incluso tú- y con la que nos manejamos en sociedad. De como se equilibren las aristas de nuestra máscara dependerá el como nos movamos. Siguiendo por igual nuestro instinto, nuestra inteligencia y nuestra corazón. Siendo como somos, sin pensar en como somos, siendo y ya está, sin necesidad de otra cosa que vivir el instante, sus alegrías y sus penas. Si eso es Dios, o si Dios nos hizo así lo ignoro. Es más, ignoro si hay un Dios. Yo no trabajo con valores distintos de lo que lo haría un rabino, un imán, un monje budista o un educador social ateo. Cambia la forma, el color de la máscara, cambian incluso las palabras, pero todos hablamos de lo mismo. Hablamos de hacer el bien. Que digo hablamos. Hacemos el bien, porque las palabras sólo son piedras que consiguen hacer aterrizar a las ideas que flotan en nuestra mente, las hacen casi tangibles, pero nunca será lo mismo hablar de amor, que actuar con amor... Nunca será lo mismo que hacer el amor. ¿Me explico chiquillo? ¿O estoy demasiado borracho?

-Te has explicado muy bien, tío. Muy bien. ¿Vamos a dentro?

Él asintió. Nos abrazamos antes de entrar. Se le veía mucho más tranquilo, sonrió y agitó su mano derecha sobre mi cabeza, como si le quitara el polvo. Una vez dentro mi padre hizo como si nada hubiera pasado. Le preguntó si quería otra copa y mi tío asintió. Se sentaron en el sofá, delante del televisor, quedaba poco para que empezara el partido del sábado en la televisión, nada y nada menos que un Barça-Madrid. Eran dos personas tan diferentes y a la vez con tanto en común. Recuerdos, experiencias, sentimientos, ideas... Mi madre que durante la discusión había preferido mantenerse al margen y recoger la cocina para no escucharles, volvió a la sala de estar y sonrió al verlos allí. Fue entonces cuando distinguí algo extraño en la mirada de mi tío, algo extraño e indefinible en la forma en que mi tío miraba a mi madre, como si le estuviera hablando desde su silencio. Mi madre les preguntó si ya se les había pasado. Mi padre contestó que esto sólo acaba de comenzar. Se refería al partido que acababa de empezar y al hecho de que mi padre fuera del Barça y mi tío del Real Madrid.

Por mi parte siempre me quedaré con la duda de si mi tío amaba a mi madre, si ella le habría correspondido en algún momento, o si su negativa le había empujado a él al sacerdocio. Eran muchas preguntas y ninguna con respuesta. Éstas quedarían para siempre entre los misterios de mi familia. Tal vez, algún día, Marilyn pudiera resolverme todos aquellos enigmas.

La contra de La Vanguardia entrevista a Claudio Naranjo.

Tengo 79 años. Nací en Valparaíso (Chile) y vivo viajando. Soy psiquiatra. Estoy viudo y tuve un hijo que falleció. Ojalá los políticos hubiesen sido educados amorosamente. No creo en la competencia entre religiones. Soy divulgador del eneagrama, un mapa de la personalidad.

Claudio Naranjo, médico y doctor en Educación
Victor-M Amela, Ima Sanchís, Lluís Amiguet

"Ocúpate del reino del corazón, y lo demás te llegará"

 

 

 

 

Claudio Naranjo (el hermano medico de Gandalf)

 

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Eneagrama social
Es un señor plácido de cándidas barbas y verbo cálido que ha dedicado su vida a estudiar la anatomía de la psique. Eso lo llevó a ser el pionero de la integración psicoespiritual mediante el Instituto SAT, que aplica el eneagrama para profundizar en el autoconocimiento de la personalidad. Lo que, a su vez, le ha llevado a promover una educación transformadora desde la Fundación Claudio Naranjo (fundacionclaudionaranjo.com), con propuestas convergentes con las que formula el filósofo y profesor José Antonio Marina. También publica libros como El eneagrama de la sociedad. Males del mundo, males del alma (La Llave) y da charlas (como este jueves en Granollers: www.espaipertu.com).

Qué es el eneagrama?
Una herramienta de autoconocimiento, la más completa.

¿En qué consiste?
Es un mapa de las nueve pasiones que conforman tu personalidad: te ayuda a conocerlas, y así identificar cuál de ellas te domina.

¿Cuáles son esas nueve pasiones?
Ira, orgullo, vanidad, envidia, avaricia, cobardía, gula, lujuria y pereza.

Suenan a los pecados capitales.
Los griegos ya enumeraron casi todas esas pasiones, llamadas luego pecados por el cristianismo, y que son a su vez los nueve eneatipos del eneagrama.

¿Y una de esas pasiones me domina?
Siempre hay una dominante sobre las demás: identifica cuál es la tuya, y así podrás trabajarte para equilibrarla con las demás.

¿Con qué fin?
Dejar de actuar reactivamente, con automatismos, como una máquina: ante cada situación serás capaz de actuar con conciencia.



¿Cuál es su pasión dominante?
La avaricia.

¿Sí?
He temido siempre quedarme sin nada: temeroso de la precariedad de mis recursos, me ha costado invertir en mis capacidades, he desconfiado de mí... Y eso me ha dejado en el filo del vivir, una vida por vivir.

¿No ha podido dominar esa avaricia?
Ya sí, pero ha sido difícil. Ya lo dijo Churchill: "El hombre se tropieza con la verdad..., pero se levanta y sigue su camino".

¿De dónde proviene el eneagrama?
De un esoterismo cristiano de Asia Central, que divulgó por Europa una especie de Sócrates ruso de principios del siglo XX, Gurdjieff. Y de él lo aprendió Óscar Ichazo, que me lo enseñó en el desierto de Arica.

¿Cómo fue usted a parar al desierto?
Era 1970, y yo pasaba el peor momento de mi vida... Y me retiré durante seis meses.

¿Qué le había sucedido?
Mi segunda esposa tuvo un accidente de automóvil y murió mi hijo de once años.

Sobreponerse debió de ser duro...
Yo tenía 37 años y me tendía en su camita y pasaba horas y horas llorando. Un día entendí que era llanto por lo que no había podido quererle. Sentí su presencia y dejé de llorar.

¿Y qué aprendió en el desierto?
Yo era médico psiquiatra. Vi que la medicina farmacológica abordaba síntomas, pero no la raíz del problema del paciente: la dejé para ejercer como psicoterapeuta.

¿Es muy malo que mande una pasión?
Lo malo es que en ese caso tu vida será más pequeña, automatizada, dilapidarás energías..., pudiendo vivir más plenamente.

¿Qué automatismo le hizo ser médico?
A los seis años vi la luna llena y le pregunté a mi madre qué era eso. Me dijo que era un cuerpo celeste, como lo eran las estrellas, los planetas..., y me habló de la gravedad... y experimenté un intenso placer ante ese vislumbre de conocimiento... Y ya busqué repetir ese gozo, y eso me llevó a la ciencia.

Pero luego dejó la ciencia.
Cuando sentí que la filosofía y la psicología afrontaban mejor el dolor de la infelicidad.

¿Cuál ha sido su momento más feliz?
A los 20 años tuve una relación erótica con una conocida de 40 años, y sentí tanta alegría... ¡El mundo era bello! Sentí la alegría normal del vivir, y ahí fui consciente de que yo no había estado vivo hasta entonces.

¿Ha llegado a conocerse perfectamente a sí mismo?
En el centro de la cebolla, si vas quitando capas y capas, no hay semilla, ¡no hay nada!

¿Qué significa esto?
Que lo único que hay son los demás. Antes yo me recluía en mi torre de marfil, pero hoy veo los problemas del mundo...

¿Cuáles son?
Todos derivan de una estructura patriarcal profunda, de modo que todos se diluirían si educásemos a los niños de otra manera.

¿Cómo, exactamente?
Integrando intelecto, cuerpo, emociones y espíritu, para ser más amorosos, más libres: más sabios. Pero para eso es decisivo primero que eduquemos a los educadores.

¿Tenemos una educación no amorosa?
Demasiado intelectual, institucional, individualista, patriarcal y poco humanística. Nuestra sociedad sigue siendo machista y depredadora. Ya decía Cicerón: "Cada senador es sabio..., pero el Senado es un idiota".

¿Solución?
Integrar intelecto, amor e instinto, nuestros tres cerebros. Abrazarlos a los tres de verdad: por ahora, el intelecto ha eclipsado el amor y ha demonizado el instinto.

¿Debo dejarme llevar por mi instinto?
Si te arrastra, no eres libre: se trata de aliarte con tu instinto.

¿Qué pasión domina hoy al mundo?
La vanidad. Se expresa en la pulsión por el éxito económico, la supremacía tecnológica, la confusión entre valor y precio...

¿Hacia dónde se encamina el mundo?
Muchos son los llamados..., pero muchos son también los sordos. Hay una pulsión de transformación cierta, pero pasa por encender la luz y ver en tu propia oscuridad.

Y si lograse encenderla, ¿qué veré?
Sabrás que todo es pulsátil, que todo late... Si buscas el yo, acabarás topándote con la ausencia de yo: lo transformador es sentir el ser. Si eso sucede, tendrás días peores o mejores..., pero recordarás el sabor del ser.

¿Un consejo definitivo?
Ocúpate del reino del corazón, y el resto te llegará por añadidura.